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martes, diciembre 26, 2006

ropa sucia


¿Cómo hay que pertenecer a este mundo? ¿Cuándo se resigna uno a perder? ¿Cuándo empieza uno a dejarse vivir?

Había llovido varios días seguidos y en su casa no quedaba una sola toalla seca, nadie tenía calcetines ni sábanas limpias, así que Cloe juntó todo lo que sus brazos aguantaron y lo llevó a la lavandería que tenía más cerca, en Moncloa. Varias bolsas de plástico, de ésas que cortajean los dedos con el hilillo de nylon asesino, de ésas con la ropa saliéndose por los agujeros... tal la imagen. Tal, que le recordó a Cloe la última vez que había pisado uno de estos lavaderos, ayudando a su amigo con su propia colada. Recordó que frente a aquel paisaje de bolsas reventando de anonimato en el suelo del lavadero porteño, había quedado azorada. Cloe no estaba hecha a la medida de las pérdidas, de ninguna pérdida.

_Pero, ¿quién sabe aquí qué cosa es de quién? -había preguntado, ingenua (y europea), ella.

Una cuestión que en Buenos Aires tiene una única e invariable respuesta: “Esto es Argentina”, y suele aparecer acompañada por una elocuente contrapregunta: “¿Qué esperás?”.



La puerta de algún lavadero da a una terraza, soleada.

lunes, diciembre 25, 2006

navidad al derecho o al revés

Ayer, cuando faltaban pocas horas para la temida Nochebuena, alguien sugirió ilustrar otro rejunte de expatriados con la poesía del Abasto de Luca Prodan: "Y yo me alejo más del suelo (y yo me alejo más del cielo, también)".
No, finalmente no puse el disco anoche, pero estoy escuchándolo ahora, cuando todas las voces del bullicio navideño, las internas y las externas, han desaparecido... "Los bares tristes vacíos, ya...", canta Prodan. Sucede cada 25 de diciembre, estés donde estés, en tu país o a diez mil kilómetros; pasa que se acaban las discusiones de los matrimonios apurados en el supermercado y se acalla todo el ruido de tu cabeza, todos los consejos desconcertantes, todos los diálogos tensos de las voces interiores (puajjj, qué feo tener que escribir "voces interiores"... pero, ¿cómo deberían llamarse, entonces?).
Afuera está todo quieto, en invierno o en verano, con Andrómeda y la Estrella Polar en tu norte, o con las cañitas voladoras inmóviles, congeladas en línea recta hacia Las Tres Marías.
En tu casa, en tu cabeza, el vacío es de pegotes, copas rotas y olores ácidos, ¿restos de qué?. Los niños ausentes, abstraidos con sus juguetes nuevos, no piden nada.
"Yo estoy al derecho, dado vuelta estás vos", me gritan los Sumo.

viernes, diciembre 22, 2006

estocolmo, la piedra en el zapato



Casi que la literatura es incompatible con el amor, concluimos, y nos reímos a carcajadas. Hablábamos de la práctica, no del sentimiento, claro.
A ella su chico le ocupa todo el tiempo libre, eso dice. Entonces, nuestra escritura compartida ha ido quedando aparcada. Y, sin embargo, cada vez que nos vemos surge algo que nos estimula a las dos, a las dos por igual, y nos largamos de nuevo por la cuesta más abrupta... del decir, hasta chocarnos con la puta vie.
Anoche, ella estaba guapa como casi siempre, pero más guapa que casi siempre, y me agradeció a Clarice. Del "gusto de ser" (un concepto benévolo de la Lispector para mencionar el narcisismo) y de la exquisita osadía de "El libro de los placeres" pasamos a la herida pulsante del mismo libro en la repisa. Y ahí, fue justo allí, que me detuve en el Síndrome de Estocolmo.
Mientras rodaba ladera abajo raspándome con todas las piedras, advertí que el enamorarse no se parece a nada.
Estocolmo más acá o más allá, digo, enamorarse no equivale a ninguna otra experiencia, porque no hay otra tan necesaria para soportar la calamidad de ser mortal y seguir adelante.



Placeres de mortal. En el agua se refleja el naranjo. Y del naranjo, una naranja. La fuente, de piedra, en Barcelona.

martes, diciembre 19, 2006

una gibson



No habrá una guitarra en casa, por ahora.

Durante largo tiempo, la silueta de la Gibson me ha serenado.

Sobrio, tan sobrio, su perfil me salvó de la locura. Las clavijas de siempre, las cuerdas nuevas y, asomándose entre ellas, los sobrecitos blancos que nos protegían de la humedad que no hay en Madrid.

La Gibson fue un punteo de clip-clap, casi inaudible, de madrugada, y fue un riff furioso, también.

Hace poco se convirtió en teclas y digitalidades. Cuando yo ya no buscaba amparo en ese mullido y portátil hogar carmesí del interior del estuche, ella se convirtió en teclas y leds.

Se me acaba la cuerda, acomodo el sobrecito del polvo anti-humedad, cierro el estuche, clap, conozco la armonía de movimientos de cada bisagra metálica, escucho el juego en tres tiempos. Cierro los ojos y describo mis movimientos, intento dar con las palabras que deja el tacto, mis dedos sobre el traste.

jueves, diciembre 14, 2006

orinoco is spain/ llibertat

"Orinoco es España". Está escrito con tiza en un vidrio de Barcelona. Me pregunto si ellos ofrecen el Orinoco a cambio de algo, o si de verdad el Orinoco será aquel lugar de resignificaciones de identidad, tal como vos presumís, al paso.
De nuevo el Orinoco.
Ya no hay un Orinoco de caricias húmedas.
Esta vez, hay catalanes y un Orinoco.
"Luego quieres que te quiera", espeta ella, amenazante.
¿Y ahora qué hago con ella? Le tengo más miedo que a mi propia cartera, que a mi desorden, que a mis cajones, que a mi monstruoso interior.
Quiero sentir el goce de pronunciar pétalo a pétalo el nombre de la alcachofa, y disfrutar de la certeza de una historia de amor por vivir.

domingo, diciembre 03, 2006

cirulaxia contraataca

1989. Leo que en el '89 nacieron los Cirulaxia. Carlitos dejaba atrás una fallida experiencia vocacional en Ciencias de la Información, aquella pecera por la que todos -talentosos que abandonaban y disciplinados que nos licenciábamos- teníamos que pasar en los '80.
(¿Alguna vez habría que estudiar aquel absurdo fenómeno post-dictadura?)
Qué bueno que Carlitos Posentini pudiera sacar el teatro de las tripas, y dejara el parcial de sociología para otro momento.
Los Cirulaxia nos ponen a prueba: ¿Qué hicimos los demás desde el '89? ¿Qué carajo queríamos y qué catzo hicimos?
Hoy nos preguntamos cuánto más nos puede desestabilizar un flequillo... y nos alegramos por los 17 de teatro de los Cirulaxia, de sus Ubú, y sus galpones con gradas, la emoción... en cambio, nuestros 17... ¿no son demasiados?.

jueves, noviembre 23, 2006

inmortal


acabo de liar con drum y el olor me ha transportado a las primeras caladas, a los 17, quizá 18, con la nieve por las rodillas, cuando la ilusión
de la vida
te calienta los pies
al borde de la gangrena por el frío de la calle,
sin piedad,
andar por el desamparo bajo cero

el primer olor del primer contacto del tabaco con el fuego,
trajo aquella ilusión

¡agoreros!
no importan los años, ni la nieve derretida y menos la piedad,
dame el papel que yo armo

miércoles, noviembre 15, 2006

experiencia de tizón, y amén

Acerca de la desconfianza en la propia escritura: "Cuando yo tenía que escribir para comer, me pagaban a tanto la cuartilla y no tenía más chances que escribir y escribir para llenar cuartillas y ganar pesetas. Cuando dejé ese estado de necesidad (...) me surgió la sospecha de si lo que yo escribía realmente servía o si eran sólo golpes de profesionalismo".

Esa sospecha, la de Héctor Tizón, es la que padecemos los que escribimos a tanto la cuartilla, la misma que nos obliga a leer en voz alta para escuchar la música del texto y entonces comprobar si el oficio o la banalidad nos juegan otra mala pasada.

A ver, a ver, quiero sentir que le saco los armónicos a una línea de texto y que le gano al profesionalismo... a ver si puedo tocar la sintaxis de un verso, acariciar la combinación de sentidos con el aire de pronunciar cada sílaba.

¿De qué sirven las historias sin silueta, sin aliento, ni música ni silencio?

martes, noviembre 14, 2006

el tajo de fontana



"El arte ha muerto. Sólo lo salva el gesto", dijo Lucio Fontana cuando hizo el primer tajo.

El gesto.

Placer de leer en voz alta un texto a cuatro manos de Miró y Hernández, detenerse una y otra vez en la línea que genera la música más hilarante. Leer susurrando en la soledad de Es Baluard, frente al mismo mar que el pintor y el poeta respiraban mientras jugaban con las palabras.

Me estoy poniendo surrealista, out of time.

lunes, noviembre 13, 2006

plano secuencia

Esperábamos el autobús bajo la lluvia, así que nos amontonábamos bajo el techo translúcido, cuando sonó su teléfono. Ella tuvo que sostener el paraguas empapado y la cartera con una mano y con la otra abrir cremalleras y desabrochar botones hasta dar con el móvil. Atendió. Entre el vacío de voces y la alfombra de agua y tráfico, ella dijo con cierto desgano que ya mandaría lo que él pedía (supusimos que hablaría con un contundente “él”, por el tono). Luego, cedió al dolor:

_Tus palabras me recordaron aquellas viejas fórmulas de cortesía que se usaban en las cartas: “Espero que, al recibir la presente, te encuentres bien...” y no pude dejar de llorar, ¿eso es todo lo que ha quedado de mí en ti? _preguntó ella sin preguntar, con tajos de resignación en su voz.

Los asistentes a la espontánea y casi pública confesión no podíamos saber lo que él respondía, pero lo imaginábamos a partir de la réplica.

_Sí, es cierto. Soy una pesada. No debería molestarte con banalidades.... Pero... es que... sep.....nop.... Está bien... que te lo pases genial, chico _ironizó, tratando de que sus visibles lágrimas no se tradujeran en sonidos, ni silencios, ni tos, ni amor.

Mientras subía al autobús pensé en mi amiga guionista, que es una coleccionista de diálogos para sus escenas. Imaginé el ritmo que ella busca para que la narración sea ágil y lo sugerentes que resultan estos diálogos fugaces, abiertos a mil desenlaces. Y allí, justo allí, apareció la más tediosa existencia, sin editar, sin plazos de entrega, avid ni moviolas:
“La vida es un plano secuencia hasta el final”,
¿lo dijo Godard?

domingo, noviembre 05, 2006

la santa rita, el sol, la curtiembre





Todavía hay alguien a quien puedo llamar para preguntar por la galería que se cuela en el sol de San Vicente, en el aire que a veces hiede por el vapor de la curtiembre.

"La Santa Rita está florecida. Tendrías que verla", se entusiasma ella, cuando le cuento por teléfono que he vuelto a soñar con su casa llena de luz.

Eludo narrar con detalles una escena en la que ella está sola, sentada en el hall recién pintado, silente, inmóvil, con la luz de un cuadro de Balthus, el piano tapado con trapos blancos frente a la pared del óvalo que llena un señor con bigotes.

Cada vez que la chiquilla mimada se asusta, vuelve corriendo a Diego de Torres, por Argandoña.

sábado, noviembre 04, 2006

cejas



Ellos miran nuestras cejas. Y nos hablan de las cejas.
Es raro.
Intentan recordar el trazo. Dicen.

Cada pelo cuesta una lágrima.
Lluvia, con estornudos, a veces.
Dibujo que pellizca.

Las cejas silvestres, ésas sí que no duelen.
De niña.
Las envidiadas, endiabladas al cielo, como las de la Venegas, ésas no sé si duelen, pero parece que sirven para armarse de coraje y tirar al flaco en calzoncillos al vacío, desde el globo aerostático.



Grazie Guadi, por prestarme tu ojo de cejas asilvestradas para ilustrar este desvarío de lluvia.

miércoles, noviembre 01, 2006

polisemia

Día de muertos, día de almas, de santos o de fieles difuntos. Te has despertado pero sigues en la cama. Ha venido tu hija de diez años a saltarte encima y, para sacudirte -sabe cómo, de eso no hay dudas-, te ha soltado, entre carcajadas: "Polisémica eres tú tu-ru-rú".
Y tú, que sigues hablándole de "vos", te has sorprendido.

_¿Sabés qué quiere decir polisémica?
_Claro _dice la niña sonriente_ Que tiene dos significados.
_ Dos o más significados _corriges.

Y te quedas pensando en ser múltiple y no tartamudear.

lunes, octubre 30, 2006

nuestra fe


Meyerhold, Meyerhold, conozco ese apellido, me suena la historia del artista torturado por el stalinismo hasta la muerte, por su apología de la intensidad de vivir y de crear. Vengo del teatro, de conmoverme con los climas de Pavlovsky improvisando una clase magistral sobre el director ruso. Busco en casa el libro de Pitol sobre las revelaciones en tiempos de Perestroika. Me acuerdo del sitio exacto que ocupaba en la página el relato de las torturas al subversivo con el que lloré de impotencia, hace años.
Cuenta Pavlovsky una anécdota como juego dramático. Es el momento en que Stanislawsky expulsa a Meyerhold de sus clases: "Éste me va a joder el curso de realismo socialista". Y Meyerhold piensa: "Lo hace por mí".
Y ahí estoy yo, a los 14 años, frente al cura de la parroquia del barrio que me dice, después de dos años de estudiar la biblia con todos los chicos de mi edad que hay en el barrio: "No estás preparada para la Confirmación" (con "C" mayúscula).
"No estás preparada", me dice el muy cura. Y yo soy la única que queda fuera del sacramento, los demás están listos para dar el "Sí" y yo, no.
Allí estoy de nuevo, un par de años después del trauma, ya sin dudas sobre mi negativa al dogma, sin dios, pensando: "El cura lo hizo por mí".
Así en la tierra como en el cielo, Meyerhold y yo, y todas las víctimas que preferimos no elegir victimarios, por nuestra fe.



Retrato del regisseur W. E. Meyerhold (1917) de Alexander J. Golowin.

sábado, octubre 28, 2006

muse


Tras el Showbizz, pura entrega, una absolución, algunos agujeros negros y otras revelaciones, Muse y nosotros. Soy un círculo de emoción perfecta que se cubre de lunares. Black holes and revelations. Ella es una boca de dientes de conejo y una espalda desnuda entre camiseta negra salpicada de estrellitas blancas. Es tan hermosa cuando se seca las lágrimas. Dentro suyo, las canciones de Matt se han vuelto líquidas. Él es Matthew Bellamy -hijo de guitarrista y de emigrante irlandesa de Belfast-, tan afinado, tan british con sus puños blancos sobre el Kawai blanco.
Imán de cielo, y de noche.
Sonrisa, ella es una sonrisa empujando a toda una fila de fanáticos entre 28 mil más, una sonrisa haciéndose huequito de muselina frente a Matt, que pone filtro a la emoción para que su voz suene mediosa, pero no puede engañar a nadie ni filtrar su cuerpo fundido en música, dedos de cuerdas, manos de teclas.
You and I must fight to survive.
Con mi vestidito de lunares y su camiseta de estrellas, alguien nos absolverá.

murakami

"
_ No tienes que explicarme nada _me dijo_. Todo esto ya ni me va ni me viene.

_ No es que trate de darte explicaciones. Intento sostener una conversación, nada más.

"

jueves, octubre 26, 2006

tokio


He salido de casa tan decidida esta mañana que, de camino al trabajo, he entrado en una librería llamada Modesta (vaya paradoja), he pedido un libro de Haruki Murakami y me lo he llevado sin bolsa.
Tan dueña me sentía de mi vida, esta mañana, que elegí a un japonés para arrancar el día.
Murakami en mano, he tomado un café, me he dejado halagar por el indiscreto rubor del chico y me he ido a Tokio.
También allí he dado contigo.

lunes, octubre 23, 2006

no (o la sensibilidad que encoge)


Él no toca sólo jazz ni sólo rock, no compone o arregla jazz o rock. Diré que "no" si es que tengo que decantarme por alguno de los términos que exiges. No sé si sí o si no, pero te diré mil veces que "no" si sigues interrogándome de ese modo.
Robert Downey no es sólo drogota, ni sólo actor, ni sólo un genial actor (a propós, lo vi estupendo, hilarante como siempre, en A scanner darkly, una peli de Linklater sobre epitafio de Phillip Dick para sus amigos psicóticos o muertos en combate contra las drogas).
No voy a hablar contigo sobre ese tipo impresionante, sólo diré que "no", porque sigues interrogándome de ese modo.
No soy sólo periodista.
No soy sólo argentina. ¿Qué supones que debería hacer en el papel de argentina? ¿Por qué piensas que debo ser tus argentinos?

En su columna de hoy, Marcelo Figueras da un voto por "los narradores cuyos espejos reflejan imágenes caprichosas, porque esas imágenes suelen ser un comentario sobre lo real más rico que el reflejo desnudo". Los surrealistas hacían valoraciones similares, mucho más despectivas, si acaso, sobre el arte figurativo. Y Truman Capote prefería terminar el Desayuno en Tiffany's con su chica en Buenos Aires ("no es Tiffany's, pero casi"), fascinada por lo que él elige no contar.

Por qué tendríamos que ser naturalistas de textos amables... ¿Por qué piensas que sería mejor tenerme comprensible, lineal, ordenada y didáctica, contando lo que quieres que cuente, ignorando lo que supones que ignoro, pidiendo y esperando definiciones sobre Vinicio Capossela o Paolo Conte?

domingo, octubre 22, 2006

occidente


Ayer hubo en occidente gente que se levantó contra la pobreza, desde la riqueza. Terminó el Ramadan, porque la luna salió para Alá. Y por fin llueve en Madrid. Escucho Brad Mehldau, también las gotas sobre el cristal. Yo cedo a la tentación de empañar la ventana con mi aliento, de este lado. Te extraño.
En Mondovino, el documental sobre la homogeneización del gusto en el sector del vino, me he encontrado de nuevo con los racistas de mi país. Me han dado más asco que los xenófobos y los guardias imperiales de este occidente rico del norte. Aquellos son igual de racistas, pero tienen menos escrúpulos.
He llorado de ganas de ir a brindar con el torrontés de ese indio que tiene tres parras y no necesita enólogo de firma para dignificar sus uvas.
Y he ido a quejarme a mi vecino porque sus martillazos tapan el piano de Mehldau, pero él, el albañil paraguayo, me ha cantado sonriente nosequé sobre el tereré. He vuelto sobre mis pasos... serán los golpes de aña memby.
buenas noches, occidente

miércoles, octubre 18, 2006

moscas en el ring/ el mausoleo de san vicente



Fui anoche al teatro a ver lo que traía la Volksbühne de Berlin: una ópera sobre la condensación emocional, la adrenalina y la cristalización (¿?) del amor llamada"Die Fruchtfliege" ("La mosca del vinagre"), con dirección de Christoph Marthaler. El director suizo pone en el ojo compuesto de la drosophila (el nombre científico de esa mosca) las irónicas respuestas a sus preguntas sobre los sentimientos, porque, según aclara, si en los '70 todo era interpretado por el psicoanálisis, ahora todo lo explica la genética (en alguna línea de su exquisita puesta, se asegura que los protozoos ya sufrían celos incontenibles).

Hoy desayuné viendo las "galerías de fotos" con que los diarios ilustraron el 17 de octubre en el mausoleo de San Vicente. Un ataúd y una fecha, sesenta años y miles de criaturas después.

Unas páginas más adentro, doy de nuevo con la mosca del vinagre, esta vez protagonizando la breve reseña de un experimento sobre su agresividad con los de su especie. Cuentan los biólogos californianos que seleccionaron a los machos más hostiles de drosophila para convertirlos en los padres de la siguiente generación de moscas de laboratorio, y que, tras algunas generaciones menos agresivas, llegó la vigesimoprimera, con unos machos 30 veces más violentos que sus peleones ancestros.

Lo que sigue no es apto para seres sensibles tras un 17 de octubre argentino: Dierrick (uno de los investigadores) les cortó la cabeza a cien ejemplares macho, molió las cabezas y midió los cambios en la actividad de sus genes cerebrales. En las moscas más agresivas, había cambios en unos 80 genes. Según los científicos, el objetivo es llegar a dilucidar los circuitos que ordenan conductas y comprender qué enfada tanto a las moscas... y a los humanos.

viva perón,

domingo, octubre 15, 2006

poesía al bombo


durazno
Es una de las palabras más bellas que conozco y por eso me cuesta horrores cambiarla por "melocotón", en España. Desde que tengo que nombrar a los melocotones, pienso en lo grotesco que sonaría el "durazno sangrando" de Spinetta si fuera un melocotón el que "temprano del árbol cayó".
En cambio, un damasco vira hacia un rítmico albaricoque. Dorado, también, y musical.
Como el aguacate.
Con carozo. Que no con hueso.
Porque cogemos y no "follamos"; curtimos y no "cepillamos"; nos engripamos y no nos "pillamos una gripe" y menos nos "constipamos" cuando nos resfriamos, por más "grima" que nos dé un cagazo.
Y en este preciso acto se fue la poesía al catzo y la devoción patriótica por el castellano a la conch'e tu.... , que en esta Península, por cierto, no significa más que la cáscara de cualquier molusco bivalvo.



En ibérico, los melocotones, las aceitunas y demás... tienen "hueso", como el que ilustra la carátula del disco de Invisible, "Durazno sangrando".

martes, octubre 10, 2006

dejar de respirar

Suele molestarme la respiración fuerte... a veces parte sólo de un hecho fisiológico y entonces no me irrita; en cambio, hay quien exhala aire denso, ruidoso, como si reprimiera palabras de verdad potentes, hay quien con ese absurdo gesto ventoso deja de decirte algo que desea decirte, y eso sí me exaspera.
Suelen molestarme los pellizcos confianzudos, el vapor humano sin permiso, los besos pegajosos, ciertas pieles, ciertos timbres y las palmaditas complacientes. Y, sin embargo, hay alientos que acarician, aunque vengan de un recién aparecido, pieles que agradezco y olores inesperados que me hacen sonreír y volver la mirada.
Pese a este catálogo de neuróticas reservas, el teatro me seduce, entre otras cosas, precisamente por el olor del actor, la saliva del actor, el sudor del actor y porque puedo oirle las tripas quejarse de languidez y escuchar las resonancias interiores de su voz contra su pecho, contra su estómago, contra su paladar, contra sus dientes. Y porque yo dejo casi de respirar y me concentro en ser silencio.
En esto pensaba, hace unos días, cuando invité a una amiga al teatro, y me dijo que prefería que fuéramos al cine, que el actor en vivo la pone de los nervios: que siente lástima por él si hay poca gente, que se siente incómoda por casi tener que evitar la respiración para no hacer ruido, en fin que prefiere la comodidad que supone el que un director o un actor no se enteren de su reacción en la sala.
Se me ocurrió, entonces, contarle algo que seguramente refrendará su opción para siempre: hace algunos meses, en medio de una puesta de Shakespeare a la que asistí en una sala de Madrid, un gran actor catalán se salió del personaje para regañar a un estruendoso grupo de señoras que bromeaba en la platea. Todavía preso de la ira, pero de nuevo en la piel del Rey Lear, y en calzoncillos (por exigencias del libreto), el actor las insultó con todas sus fuerzas: "¡Zorras!".
"¿Ves? -espeta mi amiga-... yo no sé cómo es que eso no sucede más seguido. Yo no quiero correr el riesgo de que un actor se salga del papel para reñir al público en mi presencia. Mejor... voy al cine".

lunes, octubre 09, 2006

tinta china sobre papel/ domingo urbano


El mundo está tan desarmado como siempre. Asesinaron en Rusia a una mujer que denunció crueldades imperiales, hace algunas semanas desapareció una periodista chechena y mientras tanto, el obrero argentino obligado a recordar su martirio durante la dictadura sigue sin aparecer. Murió un director de cine que conocí, y un amigo está triste. Anoche vi a dos bandas urbanas pegarse con palos y cortarse con navajas. Seguimos en Ramadán, y algunos ayunan por los millones que sufren. Otros decidimos que un día no vamos a comprar el periódico, porque elegimos entregarnos a DADA, entregarnos a DADA tan desa(l)mados, desa(r)mados, como el mundo.
La poesía en tinta china de Henri Michaux nos arroja de nuevo a la calle con ganas de poner a rodar su juguete "de-tu cuerpo-es-la huella", alterando los términos hasta dar con otro sentido... imposible, nos separa un cristal y el sentido se repite.
Además, mi amiga necesita compañía para afrontar la realidad del suburbio en busca de una casa donde vivir. "Esto parece Parque Patricios", decimos, y seguimos caminando por el sur de Madrid, donde el Manzanares no es el Sena, carretera al sur manchego, tenue sol de tarde. "Un perro me mordió en Parque Patricios", le digo, antes de desandar el camino para volver a partir.

jueves, octubre 05, 2006

un reto

Odio los jueves.
Hoy, como buen jueves, es el día menos indicado para enumerar mis tragedias de jueves, la última despedida de jueves o la foto más triste que vi, un jueves. Sólo recodaré una locura colectiva que me dejó perdigones dentro... el maldito 11-M de Madrid. Y otras circunstancias menos estentóreas pero también... muy jueves: cuando cubría estrenos de cine, tras la función, las tardes de jueves se ponían irremediablemente melancólicas, sobre todo si tenía que sentir con las sensibilidades de Nanni Moretti, Angelopoulos o Mike Leigh.
Y pasa que hoy, que es jueves, he decidido que voy a desafiarlo al muy jueves.

domingo, octubre 01, 2006

demasiados obstáculos para alcanzar hoy el horizonte

"Trop de obstacles aujourd'hui pour gagner l'horizon", canta Dominique Ané a mi oreja entusiasta (en esos términos agradece el músico las oreilles de los atentos).
Anoche fui por su disco a la Gran Vía, por él y por unas bravas jazzeras a las que también les presto oreja entusiasta, mientras sigo al pie de la letra la terapia de desensibilización que prescribe una temporada sin música en castellano.
Hace un tiempo, alguien eligió y encargó para mí uno de esos trabajos medio inalcanzables, sólo editado en Francia. Me dedicaron Françoiz Breut. Fue ella ("Une saison volée") la que terminó llevándome, por recomendación y asociación de un amigo melómano, hacia su ex Dominique A, a "L'horizon" de Dominique A.
Y aquí estamos con Dominique, ya sin Françoiz, mientras una sentencia se presenta completa, para ser escrita urgente, con delineador de ojos, en los márgenes del diario de ayer... Ésta soy yo, la imposibilidad de los vivos, orgullo de los muertos.
Entretanto, y para esperanza de los vivos, la guitarra de Dominique A sortea los obstáculos de la poesía, y el músico deja la última línea a la fe: "C'est lui qui vient à toi; il est là: l'horizon".
Es él, el horizonte, el que vendrá a ti.



Elegí una calle del Barrio Latino para ponerle clima a este elogio del francés del trip-hop acústico.

jueves, septiembre 28, 2006

el silencio y la ranchera

Leía sobre la doble desaparición de un hombre que resultó el testigo fundamental de un juicio en el que por fin se condenó a un prominente asesino de la dictadura argentina, cuando me encontré con la viñeta de El Roto en la prensa española. Y la teoría acerca de que el testigo en cuestión pudo haber extraviado su propia identidad en el momento en que debió recordarse martirizado por los miserables se ligó con el hombre de la viñeta que confiesa: "Tuve miedo y me escondí tan bien que ya nunca he vuelto a encontrarme".
"...nunca he vuelto a encontrarMe" siguió rebotando en mi silencio interior hasta que la idea tomó cuerpo en otra asociación: hace un tiempo, él me recomendó quererMe, mientras él mismo dejaba de hacerlo (eso, de quererMe).
Y sucedió que a este silencio --uno de esos silencios que tapan diálogos de multitudes contradictorias dentro-- lo interrumpió una música anticuada y espeluznante con cantor de timbre conocido. Iba en el coche de una chica que se había ofrecido a llevarme a casa y no tuve más remedio que romper el silencio para preguntar:
__ ¿Quién es? ¿Luis Miguel? Pero... ¿un disco viejo?
__ No --respondió mi compañera de viaje. Es un CD del año pasado. Son rancheras, un homenaje a México.... ¿No te gusta Luis Miguel? ¿No te gustan las rancheras?
__ Ejemm... no. Pero...
No tenía ganas de explicar absolutamente nada, aunque tampoco quería ser descortés. Prefería mi silencio de muchedumbres a las conversaciones sobre rancheras e intérpretes mundanos, pero terminé tomando el camino de la negociación amable:
__ ... si tengo que elegir un romántico, prefiero a Sanz.
__ Ah, no, a mí no me gusta. No me gusta nadie.
__ ¿Nadie? O sea... ¿la única música que te gusta en el mundo es Luis Miguel? ¿Luis Miguel es el único del universo?
__ Sí... bueno, en realidad, sólo escucho canciones en la radio.... Yo, gastar dinero en CDs...jamás. Éste, porque me lo regalaron.
Y entonces el silencio sí estuvo vacío, mis multitudes interiores enmudecieron, sordas frente a la orquesta del silencio hostil.
Atónita, sin poder creer lo de la vida entera sin música (o mejor dicho, lo de un oido dedicado en exclusiva a Luis Miguel), me decanté por la vereda del solcito para continuar mi camino a pie. Por fin, sin rancheras ni homenajes canoros.


martes, septiembre 19, 2006

nabel/ nombril/ ombligo


Visité mi cuerpo por dentro. Panóptico desde la bóveda umbilical, lo recorrí de la primera a la última concavidad. Un haz de luz entró por el punto más alto de cada una de las cúpulas de mi itinerario. Era un rayo de sol el que entibiaba mi piel según los intervalos que marcaban mis movimientos. El destello cegó el pudor. A la altura de mi frente vi la llama proyectarse sobre el muro (¿de la conciencia?), claramente azul en su límite inferior, se elevaba como una lágrima negra evuelta en resplandor. La penumbra me volvió serena. Mudé mi corteza por una piel sin recato. La dejé al albur del iodo, y de la brisa, y del vientre húmedo. Entonces, visité mi cuerpo por dentro, panóptico desde la bóveda umbilical.


De Jean ARP: Konfiguration (Nabel, Hemd und Kopf), 1927-1928 / Configuration (Nombril, chemise et tête) / Configuración (ombligo, camisa y cabeza).

córdoba


“Córdoba es una gran ciudad de paredes gastadas. Si Buenos Aires fuera, como dijo Malraux, la capital de un imperio que nunca existió, Córdoba sería la capital de la Argentina –real, fibrosa, confusa, tambaleante, desprovista de brillos-”, dice Caparrós en "El interior".
La mirada sólo es mirada cuando conserva la distancia. La mirada sólo es mirada cuando no hace concesiones.
Bajé por la calle Independencia después de muchos años fuera de mi ciudad: iba a encontrarme con ese rincón de muros coloniales donde alguna vez respiré azahar. Iba en busca de alguna esquina entrañable (gran parte de mi infancia y toda mi adolescencia transcurrieron a unos pasos de Independencia y Entre Ríos), miraba con distancia y extrañeza, pero también con una ternura histórica, concesiva, diría, y miré, por fin miré.
Quizá por poner un velo entre mi nostalgia y la desazón, eché mano de la cámara. Vi y registré esto que muestro. Vi la "gran ciudad de paredes gastadas", tal la certera descripción del porteño.
Córdoba, para que lo sepas, porteño. Córdoba... tomo prestada y le doy la vuelta a la línea inevitable de Andrés Rivera ("Buenos Aires, para que lo sepas, cordobés. Buenos Aires").


La foto fue tomada durante el otoño de 2006.

domingo, septiembre 17, 2006

caín y abel

Por hoy no me quedan. Puede que mañana reciba, pero se me agotaron las caricias sin cautela. Si acaso, hoy le puedo ofrecer alguna ... pero precavida.
Eso fue, Lori, lo que ella pensó cuando el chico de nombre bíblico y encantadora sonrisa le dijo: "Te vi en lo de Pedrito (Aznar)".
Sus acentos planos (sí, en algo se parecían sus músicas) y el bourbon de la chica ponían el contexto. Pero San Miguel, Morón o las delicias del edén de este hijo de Eva no lograban dibujar un paisaje seductor para una cordobesa de Pueyrredón y Las Heras.
¿Cuál era el malo de los hermanos del Paraíso con "p" mayúscula? Tampoco eso podía recordar ella esa noche. Y para colmo de males, una voluptuosa dominicana de las de Once y Cucurto se le reflejó en el hielo del whisky. Así que decidió que era mejor dejarlo para después de Gernika, o para después del edén, o para después de la disco: "No bailo, soy argentino".

martes, septiembre 12, 2006

die polizei



_¿Cuántas veces ha salido de España?

_ Ehhhh... ¿este año? Ahhh.... varias.... ¿Por qué? ¿Las cuento?

_¿Qué vínculos mantiene con su país?

_ Ehhh ¿Afectivos?

_ ¿Ha pertenecido a alguna organización política o reivindicativa?

_ Ehhhh...

_ ¿La han denunciado? ¿Ha denunciado?

_ Ehhhh... no, creo que no.

Die Polizei.

_ Give me the phone!! Give ME the PHONE!! That's inmigration. Give me the phone.

_ Ehhh. I need to ask my friend's adress... Please.

The Police.

Karma Police, en versión Pandolfo o Yorke. Y el nuestro, en versión argentina, que, con todo, resulta menos agotador que el karma árabe o colombiano.

Con todo, elegimos cierta búsqueda, una necesidad que en nuestro caso parece venir con los genes: el gen del movimiento perpetuo, porque no hay que desmentir a Cortázar en esto de que ser argentino es estar triste y estar lejos.

Pero si irse es un necesario desafío, también es un compromiso con el que te recibe. en singular. Y aunque en más de un aspecto, yo misma sumo para un sustantivo colectivo, no puedo con algunos necios en manada que desprecian a granel, como a granel enumeran sus pretendidas virtudes.

El hombre es un hombre.

La foto es la foto del cielorraso del aeropuerto, tomada por una mujer que embarca en un ida y vuelta al sur. "Nunca pensé que un espacio de estas dimensiones pudiese ser tan cálido", apostilló un arquitecto amigo a propósito de las texturas de la Terminal 4 de Barajas, en Madrid.

lunes, septiembre 11, 2006

california II

De una novela de Pitol recuerdo aquello del exacto momento en que un estallido festivo desata en la protagonista algo que no puede explicar, pero que la impulsa a una acción apasionada y urgente. Hoy me reflejo en el cielorraso de cristal, el deleite del agua, este movimiento y aquél, en California, floto en el espejo. Cualquier hombre. Un hombre, éste. Tal fue el instante en que me sentí empujada hacia el papel, a mirar y a sentir sólo para escribir, para apagar la iridiscencia, para curar las náuseas o vomitar el fraude en tinta. Acorralada y empalagada, desdén y esmero, salgo conmigo a combatir en campo raso.

domingo, septiembre 10, 2006

california beat


"No me compensa" es una construcción muy usada en esta península que, en aquellas estepas australes, viraría hacia un "no vale la pena". A la mujer del cuento, una vez su amiga le dijo que su complejidad no compensaba el vínculo, el precioso y complejo vínculo afectivo que las ligaba. La descompensada en ciernes aclaró que "demasiado" tenía con sus propias complejidades y entonces, la amistad cedió frente al confort emocional.
La imagen que vino a mi cabeza cuando conocí esta historia de incomodidad que "no compensa" fue la de una peli que vi de adolescente sobre una chica que en los descompensados sesenta prueba la existencia libertaria en una comunidad hippie hasta que, tras evaluar la riqueza pero también la descompensación que supone esa experiencia, elige volver al hogar, la casa de sus padres, en la soleada California. El último fotograma selló alguna esquina de mi memoria: allí está ella, la chica de la peli, que ha vuelto a tener el electrodoméstico como destino, compensada, limpiando con la aspiradora el polvo de la alfombra del salón.
Recordé la anécdota y su asociación cinematográfica leyendo lo que decía Marcelo Figueras días atrás en su blog acerca de "uno de los problemas más originales, y más acuciantes, de este tiempo: el del adelgazamiento de la experiencia vital".
Nada. Eso. Sólo un par de imágenes en torno a la vieja discusión sobre la adrenalina que descompensa.
Y una frase de Figueras para completar el inevitablemente descompensado panorama de la existencia: "soñar nos proporciona lógicas nuevas para interpretar nuestra experiencia".

martes, septiembre 05, 2006

déjà vu


Escucho los retazos de una conversación telefónica, y abro una carta. Ella me la quita de las manos. Déjà vu. ¿Cómo continuaba este momento? ¿Agradable u hostil lo que seguía a este instante que ya viví? Esta vez, seguro que es así; de verdad, esto ya lo he vivido. No es una conexión cerebral fallida, no es puro pensamiento mágico. Estuve allí. Pero, otra vez, me resulta imposible anticipar una precaución, y vuelvo a sentir, inerme, la tibieza del rayo de sol entre las glicinas canábicas. Y volveré a rozar el paraíso en un pétalo húmedo. Y a sonreír con mi yema sobre el relieve de una estrella recortada en el cartón.

hard velázquez coffee


Hoy mismo, caminando bajo las acacias de la Castellana, distingo el Hard Rock Café de la Plaza Colón y recuerdo aquel día en que me tocó hacer de chaperona de una chica de paso (alguien la mandaba desde Mallorca con mis señas), que venía con un recorrido ya imaginado y férreo para su estadía en Madrid: sólo deseaba ir al Hard Rock y a otro local de la cadena que fundó Sylvester Stallone, y cuyo nombre no vale ni este esfuerzo de memoria. Ella sólo quería comprar un par de remeras con el sello de esos bares en serie, con el "Madrid" de subtítulo, y partir, porque entonces ya habría visto todo.
Por Fernando VI hacia el oeste, y casi enfrente del edificio modernista de la Sociedad de Autores, veo un Starbucks Café y entonces, aparece otra postal en mi cabeza: en formato "comment", recuerdo la discusión que unas semanas atrás leía en la bitácora de un periodista que pedía ideas para mejorar su ciudad de provincias (a la sazón, la mía, la que me tocó en suerte al nacer). Frente a un Starbucks cualquiera en el mundo, vuelvo a sentir mi incredulidad frente a las propuestas de "mejora" de aquella ciudad: un Starbucks, un Burger King y algunas otras cadenas comerciales que entonces no retuve. Propuestas hechas por personas que habían conocido esos sitios en sus viajes, claro.
Ni Velázquez ni Goya, ni El Bosco o Picasso, ni siquiera un metro para trasladarse dignamente sin esperar cuarenta minutos el 31: ¡un Starbucks!.
Seguro, seguro que en esa bitácora no estaban representados quienes, en mi ciudad, lejos de soñar con un Burger King, desean disfrutar la mirada cercana de Diego Velázquez pintando el mundo desde "Las Meninas", el placer de la desnudez en cualquier playa, la alegría de las fiestas comunistas en la Casa de Campo, el extrovertido orgullo gay de Chueca, un rincón amable de la plaza de Las Salesas o la libertad de una noche cualquiera en una ciudad cualquiera sin trincheras.


Diego Velázquez según su propia idea de sí mismo. Un detalle de "Las meninas".

domingo, septiembre 03, 2006

tus dientes



La noche como un adversario. Temible. Diente contra diente. Ni la más blanca de las lunas puede con los fantasmas. Incluso la luna, la luna blanca, se tiñe de vainilla, se pone ocre, y se esfuma. Ssssss, ese beso duele, diente con diente. Aprieta, y asusta. Aunque... esta noche tengo un plan, he encontrado un atajo hacia el alivio. Él no es inmortal, pero me ha salvado del agobio. Le quedan menos años de vida que a ti y que a mí, muchos menos, pero su sabia e inmoral madurez me lleva al instante que ilumina a la luna. Y la noche, por fin, capitula.

viernes, septiembre 01, 2006

lispector bebe del atlántico


"Ahí está él, el mar, la más ininteligible de las existencias no humanas. Y aquí está la mujer, de pie en la playa, el más ininteligible de los seres vivos. Al formular el ser humano un día una pregunta sobre sí mismo, se volvió el más ininteligible de los seres vivos. Ella y el mar.
"Podría haber un encuentro de sus misterios sólo si uno se entregase al otro: la entrega de dos mundos incognocibles hecha con la confianza con que se entregarían dos comprensiones.
"Ella mira el mar, y es lo que puede hacer. Él sólo está delimitado para ella en la línea del horizonte, vale decir, por su incapacidad humana para ver la curvatura de la tierra."
Lispector leida junto al mar. Ella y el mar. Por segunda vez en pocos meses me encuentro con el relato de este ritual de la mujer fertilizada por el mar -"el mar por dentro como el líquido espeso de un hombre"-, porque así habla ella, y así lo hacía, también en el Libro de los placeres.
Pero hoy la mar huele a mujer. Hubo una noche de olor a sal y a viento áspero. Pero hoy sabe dulce y huele dulce, increíblemente perfumada. Y por eso el pez, quizá por eso el pez se ha desorientado y ha venido a correr un riesgo, y a dejar su blanco líquido espeso a la orilla.

viernes, agosto 25, 2006

drum/agur


furtiva mirada furtiva. drum y papel de liar, en la playa. la playa es siempre la playa. al atardecer, dicta la sintaxis del abandono. ah, maría, veo en mi cabeza la foto que te hice en Lago Puelo, jardinero de jean y pelo hasta la cintura, sonrisa de franciscanas y chevis. un baldazo de ¡jueera, perro!. y otra sonrisa de franciscanas y chevis.

jueves, agosto 24, 2006

conjetura, teorema, sistema

Un "ey" con delay. Un "ey" del 9 de agosto, a la una y pico de la madrugada, encontrado un 23 de agosto, el día de entrega de las medallas del prestigio matemático, cuando ya tu nombre no puede ser pronunciado, Lori.
Leo acerca de una era, la nuestra, más efectista que verdadera. Dicen los que conjeturan que hay más efecto que verdad en lo que nos rodea. El "ey" del delay es un (d)efecto del sistema. Y la conjetura de Poincaré ya se hizo teorema, aunque el matemático Perelman rechace la medalla de este tiempo, por efectista.


Epitafio para una conjetura, ¡salud, G. Perelman!

viernes, agosto 18, 2006

lenguas de maternidad


Viernes, y de agosto. Vejer de la Frontera, Cádiz (y todavía falta distancia). Quizá el mar, quizá el hecho de estar en una casa que no es la propia, cerca de la playa, con arena entre los dientes, quizá porque los gaditanos de provincias son tan distintos y tan iguales a los brasileños de Porto Alegre o de Santa Catarina, de algún sur, de todos los sures, creo que casi seguro que porque elegí una crónica de Clarice Lispector para empezar el día, hoy me he sentido en Brasil. Ella habla del amor pero los dolores del parto, de su sed y de sus riendas para contener su tendencia a lo excesivo, de sus días de "brasileña normal" y de ver fútbol y preguntar con "ignorancia pasional", de sus diálogos y mutua admiración con su compañero de deportes del Jornal de Brasil...Veo mis marcas de maternidad como lenguas de fuego que no se extinguirán, y los miro a ellos, plácidamente dormidos, agradecidamente rebeldes. Y vuelvo a mi Brasil del gozo y del dolor. Al suyo. A mi condición de veraneante de diálogos fugaces con los que aquí viven su rutina de tractor y ropa tendida al sol. Ella me inspira, siempre. Estoy de vacaciones con Tizón, con Pitol y hasta con el Grass de las SS, pero es ella quien siempre se me mete dentro y revuelve. Hoy va de padres e hijos. Hijos que pronto tendrán su propio Brasil. Padres que se quedaron allí, en Río Grande do Sul, para siempre.

sábado, agosto 12, 2006

delgada línea de sombra


Hay un sitio desierto bajo el sol, implacable, sobre el cemento. Madrid inmóvil en agosto. Podría ser Colón y Rivera Indarte en enero, pero es Madrid en agosto.
Eres el único que pone un pie sin sombra para ir hacia el destello y el único que deja arder la cabeza en el semáforo, bajo la delgada línea del poste. Delgada línea fresca.
Y lo peor: esta inmovilidad desesperante te recuerda al único extranjero incauto que pasó aquel agosto en Madrid.

england/ te quiero


En un país en guerra, hay una feria de atracciones que ofrece artificios de cualquier época, cine que se dice del futuro y bufones que bailan con el pinchadiscos más freakie de la comarca. En un país en guerra, donde no hay papeleras en las calles, ni en los parques, ni en las estaciones (por si las bombas), sólo hay bolsas transparentes en los aviones.
En un país en guerra, donde nadie parece oler la guerra, nos amontonamos donde podemos, sudados, para beber una cerveza belga y olvidarnos de la guerra, de nuestra propia guerra, y de sus malditas revanchas.
Quizá el artificio de la feria de atracciones de un país en guerra, quizá la guerra, quizá la tarde, o la trapecista y su tristeza, o la máscara del monstruo de los tentáculos, o todo y la distancia, se te han anudado en la garganta.

jueves, agosto 10, 2006

antebrazo, placer, anillo (sin piedra)


La piedra del anillo se ha zafado y estalla contra el suelo resbaloso, pero mi mano nerviosa da con ella, con lo que queda de ella, esquivando pisotones. El último objeto que nos nombra se desgrana.
Nadie debería confiar en la integridad de un cristal.
Ni de una piedra sobre metal.
papel, tijera, tu mano
Si alguna vez fui linda, fue en aquel amanecer (de Paris).
Ella confiesa.
y yo
fetiche, perfume, perfume fetiche, papel, arroba, tijera

domingo, agosto 06, 2006

amarillo kasbah


Pies en la tierra. En alguna tierra. Sol de agua. Hay un océano fundido en la calle Libertad, pero a la altura del Marrakech de nuestro deseo. Al atardecer, suena música de los Clash. Rock the Kasbah. Y el mar es amarillo.
"Si tenés miedo a sufrir, dormí la siesta, en Córdoba", me dijo ella, desde el oeste de las cosas, desde nuesta compartida distancia del sur de las cosas.
"Si dormir la siesta en Córdoba es tan cómodo, ¿por qué nos alejamos de esa placidez?", insiste, ella, al poniente del océano de oro fundido en la calle Libertad.

sábado, agosto 05, 2006

un día en las hurdes



No hay más respuesta que el arte. A una lágrima impotente, pesada, a una lágrima que suelta el capricho inconsistente, a la paranoia sin cerco, a un paisaje desconocido, a una boina aragonesa.

Aquí, Luis Buñuel en Las Hurdes. Supongo, Lori, que estaría en la pre-producción de "Las Hurdes, Tierra sin pan", con los extras del pobrerío, rondándole, o dándole las gracias, quién sabe. Me recuerda a nuestro Pino (¿nuestro?), filmando la miseria en primerísimo primer plano, para sacudir.

Ayer pasé por Las Hurdes, que ya no son las de los '30, en blanco y negro, blanco y negro de hambre. Hoy lucen su verdor de norte extremeño, con casas blanquísimas de oportunos subsidios europeos, carreteras que podrían ser escandinavas y habitantes plácidos, bajo las pérgolas, con cuarenta a la sombra. Me estremeció aquel lugar, Lori, aquel lugar que remitía a un borroso recuerdo de cineclub, que responde a un nombre ("las hurdes") y un apellido ("buñuel"), y que a vos te zambulle en el placer/dolor de "mujer bajo influencia", por un buen rato, para evocar sus labios entre aquellas montañas y su gesto de dolor/placer, sus comisuras de dolor/¿placer?, por otro buen rato.

martes, agosto 01, 2006

electro-proletariat

Si Vladimir Illich viviera, tocaría una canción con los Pet Shop Boys, durante una noche de verano, en España. Y todos los ángeles estarían allí, cantando a coro "Oh brother", intentando el dulce acento brit de Neil Tennant. Los chicos europeos lo saben, y por eso aplauden con palmas dolientes las palabras de Lenin sobre la única legitimidad posible para una guerra, la de los trabajadores oprimidos del mundo. Por eso, y porque saben que todavía les queda alguna voz para oponerse a la miseria que están imponiendo los verdugos, en los márgenes de la vieja Europa. También los Pet Shop decidieron alzar su música en contra de las decisiones de su gobierno en territorio ajeno cuando aceptaron el encargo de componer otra banda sonora para "El acorazado Potemkin". La película de Sergei Eisenstein narra las revueltas proletarias de 1905, en Rusia, con imágenes potentísimas, imborrables, y los electrónicos chicos de la tienda de mascotas, echando mano de las cuerdas la Sinfónica de Dresden, te ponen a danzar, a ti y a mí, mientras ellos apoyan la revolución... dulcemente.

sábado, julio 29, 2006

england, soy un cadáver exquisito



Sábado al mediodía en Londra. Gris pero bochorno. Calor húmedo junto al Támesis. Cruzo el Waterloo Bridge internándome en senderos subterráneos que se bifurcan (no huelen, sin embargo, al perfume que uno imagina para aquel jardín de Borges).
Infaltable, inmóvil, silencioso mendigo de primer mundo con cartel, entre el meaderal. Ando y desando pasadizos para decidir un rumbo. Cuando finalmente opto por el camino junto al río, londra se pone a llover. El aire sigue caliente, pero las gotas pesan. Compro un paraguas al paso, bajo otro puente, por 5 libras. ¿Cinco libras? Los psicodélicos vendían Inglaterra por una libra y ahora los paraguas oportunos cuestan cinco libras.
La Tate Modern Gallery espera al fondo de las gotas que ya calan mis pies. Recuerdo una escena bastante reciente del viejo Woody, con los personajes encontrándose fugazmente en las escaleras de la ex térmica londinense que hoy depara algo de arte de nuestra época a los ojos ávidos y a los turistas ruidosos.
Hubieras querido acompañarme.
Entonces, hubiésemos dado juntos con el "Exquisite Corpse" (1930) de los surrealistas. André Breton, Nusch Eluard, Valentine Hugo y Paul Eluard jugaron el juego que a mí también me gusta: dibujaron entre todos, cada uno a su turno, sin conocer los trazos del anterior, una delirante e irreproducible figura humana y escribieron una frase colectiva: "El cadáver exquisito se tomará el vino joven".

sábado, julio 15, 2006

el entusiasmo


"No, no era quizá la vida lo que estaba hoy en las calles, sino sólo la historia. Éste era el consuelo de un hombre inerme, de un hombre como casi todos, que ha desterrado lo sagrado a causa de la razón y que ya no puede ver lo sagrado en la razón". Nuestro Tizón de "La casa y el viento" se nos hunde profundo, cuando recordamos las tardes breves, la luz amarillenta de los junios, a las cinco y cuarto, cuando otro día se va. La angustia del arce completamente rojo estallando en la luz del oeste; la ciudad opaca, a las cinco y cuarto. Solsticio de invierno.
Tizón. "Sé que es absurdo lo que estoy pretendiendo hacer: cambiar deliberadamente; observo la mula y sé que no es éste ni el medio ni el camino, pero sé también que no quiero, no puedo aceptar la servidumbre de este tiempo. No quiero una vez más renunciar a una parte de lo que quise ser y no fui, no quiero renunciar a nada, renunciando a todo. Morir es fácil, también es posible vivir callando siempre que se nos permita callar, pero quiero vivir sin rechazar nada de la vida".
No quiero ser una de las modulaciones de la imposibilidad. No voy a ser una modulación de imposibilidad.
Y Tizón: "el único vínculo perenne entre los hombres es el entusiasmo, no el decálogo".
"No sólo acumular sino renacer"

jueves, julio 13, 2006

S/T

S/T. Claro que me he preguntado por qué sin título. s/t que no es acrílico ni oil on canvas, sino palabras como para poner en pie de guerra a cualquiera de nosotros en el rol de editor periodístico. Sin título y sin volanta, sin bajada, ni entradilla, ni ladillos (o intertítulos). Y lo peor, sin plantilla que conserve el espacio exacto atribuido, sin necesidad de trackear para que entren las últimas tres letras del adjetivo (y no tener que quitarlo), lo cual también significa que no habrá que pelear con maquetador alguno por el track.
pero si uno cuando lee a su autor favorito no le presta ni atención al título. pero si uno cuando tiene que titular como redactor sufre y sufre cuando el editor titula olvidando el pellejo sensible que uno se deja en la pirámide invertida. pero si uno no está escribiendo periodismo. pero si uno no lee poesía por el título, y en cambio va dejándose entrar a cada línea por la música. si uno cuando conoció a lispector supo que lo de menos eran esas palabras en cuerpo más grande, ahí arriba. y lo de menos eran los puntos, a la hora de elegir una ligera minúscula.

domingo, julio 09, 2006

el papel lo aguanta todo




Un día de lecturas cruzadas, hombre/mujer, del "realismo atolondrado" de Cucurto a la belleza sin corset de Clarice Lispector, de la pieza de dominicanos en un conventillo del Once menemista a la Copacabana sesentista de Clarice, lecturas de cruce para que otro texto vaya escribiéndose en otro espacio, único, subjetivo, una página que no es blanca, ni de papel.
"Los libros son porque el papel lo aguanta todo", dice Cucurto en La máquina de hacer paraguayitos. En realidad, la frase completa tiene polenta para permanecer: "Que nadie da un peso por lo que hacés, y menos por lo que sos, que los libros son porque el papel lo aguanta todo, que a veces te vienen unas ganas locas de garchar en bicicleta".
La voz de Clarice: "Los géneros no me interesan, me interesa el misterio". Lo dice ella, una mujer capaz de una escritura que es un misterio de contradicción, sutil, perfecta. Ella, que no soporta la resignación, que devora "con hambre, el placer de la revuelta". Ella, que sugiere que nada "se pierde por esperar, no se pierde por no entender". Ella, Clarice, que siente que "escribir es un poco vender el alma", "...aun cuando no sea por dinero". Ella irrumpe con su distinción en el no-espacio del no-papel, del no-género, del ojalá-no-diario-íntimo-intrascendente, de la quizá crónica personal. Pura vida para cualquier página, en cada cruce intertextual, incluso en el que señaliza el escritor repositor de supermercado que asegura que "el plagio es ante todo un acto de amor peronista...".


Clarice Lispector (1925-1977)

viernes, julio 07, 2006

profecía en el subte


Bajaba del avión que venía de Buenos Aires y yo había ido a buscarlo al aeropuerto de Madrid. Traía consigo música que me transportó a ese lugar que hoy es otro lugar. Entonces apareció nítidamente un sueño, el sueño que soñé cuando terminaba 2001, durante la noche que siguió a los saqueos y a aquella agitación en Plaza de Mayo, cuando se supo del fin abrupto de otro presidente, entonces fue el del indescriptible "doctor De la Rúa". Soñé con aquella escandalosa, trágica, manera de pasar la página de un tiempo amable, un tiempo de canciones que todavía nos hacen sonreír.
Soñé, durante la noche del 21 al 22 de diciembre del último año que pasé en la Argentina: Estoy en Buenos Aires, de paso, vengo de Córdoba, claro, la ciudad en la que vivo. Voy hacia la enorme 9 de Julio, veo el Obelisco, hay gente limpiándolo frenéticamente, reconstruyen lo que se puede, pero todas las veredas están tabicadas, no dan paso a la calle. No es la gran obra, es la gran demolición. Quiero cruzar una calle, me cuesta porque tengo que adelantar a gentes disfrazadas cargando armatostes, apuro el paso, me pisan los talones. A mi alrededor, todo es el día después.
Y en medio del paisaje en deconstrucción, siento de repente un cierto placer mundano, porque alguien ha elegido para mí un vestido que me queda al cuerpo. Hacía mucho que no me ponía algo tan sensual, y apenas tengo 39. El dogma de la austeridad pesa entre las ruinas.

Aquella noche, exactamente seis meses antes de mi definitiva partida, antes de las penúltimas pedradas, soñaba con una sensación de alivio anywhere.
¿Hay derecho todavía, con la miseria, todavía, a la vulgar alegría cotidiana?, me pregunté, a la mañana siguiente.
Hoy he escrito las primeras palabras de una respuesta posible.

martes, julio 04, 2006

con erre de atorrante



Rantifusa. Cómo me gusta la palabra rantifusa. Se la escuché hace poco a Melingo. Un tango que él cantó hizo que ella emergiera de alguna capa de memoria lejana. Esa "fusa" allí la vuelve definitivamente musical, aunque su raíz es "atorrante", "rante", y entonces la combinación suena veramente provocadora. Tanguera y provocadora. Con la polenta del maestro Pugliese, que ha decidido acompañarnos desde aquí arriba, así en la avenida Corrientes como en el cielo.

martes, junio 27, 2006

tos



Río leonado... ¿vos, me esperás? Es una tarde empañada por los vestigios del futuro. Un silencio. Dos. Matrimonio no consolidado con hijo bobo. Primavera cero. Vaca shhhhhh. Un malentendido. Dos. Vamos a por la poesía, San Gustavo.
A Acuña de Figueroa y Guardia Vieja.
A por Cuqui y Cucurto. Por Die Maschine, die kleine Paraguayerinnen macht. Por un lavado vaginal de la poeta, con la pelvis doliente.
Vos también ardés. Apenas, pero ardés.
Tu calor me excita, pero tus uñas rasguñan. qué más da. Pronto la poesía nos cierra las lastimaduras.
Por si las moscas, hay también un vaso compartido de jarabe para la tos.
Y si todo fuese poco, ahí tenés el libro de los placeres subrayado. Subrayado de tinta roja, azul, negra tachón, mal subrayado, subrayado de más, subrayado en el metro, subrayado de deseo. Ella te lo dejó, así, todo subrayado, usado, leido y copiado. Porque la esperaste en la milonga, y dudaste de sus osadías. Pero resulta que ella ama tu deliciosa ironía y también se ríe de la libertad encorsetada por el formulario. Y cuando se ríe, vuelve a ser, como en el libro de los placeres, la virgen que no es.

lunes, junio 12, 2006

especular, deseo especular


No sólo incertidumbre. El abismo es también la proyección de este edificio de cristal sobre nuestro espejo, bajo nuestros pies. Es nuestra libertad para caminar en el aire, amándonos en nuestro espejo, refractándonos en partículas de memoria individual. Labios de cristal, tú, en tu panóptico refugio. Profanadora de sacramentos, yo y la ficción. Mudamos aquellas pieles la noche en que elegimos nacer, sobre nuestro espejo.


El Palacio de Cristal de El Retiro de Madrid, mudando su piel, de transparente a translúcida, por Kim Sooja.

sábado, junio 10, 2006

territorio en construcción



"El deterioro de los términos del intercambio" fue tu último latiguillo ochentista para hacerme reír, apenas uno de los tantos que espetás como si los escucharas a diario, aún. Pero aquello de "los términos del intercambio" anda rondando, sin deterioro, pero con preguntas: ¿habrá intercambios equitativos? ¿serán de esperar los intercambios equitativos? ¿si de un lado se invierte mucho... queda menos espacio "de intercambio" para la inversión del opuesto? ¿el espacio de intercambio se agota o se ensancha si se alimenta demasiado, a partes iguales, desde ambos extremos? Y así llegamos, de nuevo, al deterioro... o a la fundación del más maleable territorio de intercambio. Nuestro espejo.

En la imagen, destellos del sol refractado a tus pies, en el abismo, según la instalación "Respirar-Una mujer, espejo" de la coreana Kim Sooja.

viernes, junio 09, 2006

sin épica


El día que te fuiste, los diarios de tu país abrían sus ediciones con una foto que lo resumía todo: un policía miraba a la cámara de frente, junto al cuerpo de un chico al que pocos minutos antes habían disparado, justamente, las “fuerzas del orden”. De pie junto al moribundo al que acababa de apoyarle las piernas en alto contra una columna de la estación de trenes, el policía miraba a cámara. Te contaron que ésa de los pies en alto era una técnica para acelerar la muerte de alguien que se desangra.
El chico era piquetero, lo habían asesinado.
Junio de 2002. Tu vuelta de página fue desgarradora. Sin embargo, no huías. No lo sentías así. No huías, pero tampoco querías hablar de tu marcha. Sé que te negabas a dar explicaciones en un país en el que se ha hecho costumbre pedir explicaciones.
No huías, pero había llegado el momento de dejar de pagar imaginarias deudas emocionales y seguir el deseo de mortal ciudadano de cualquier lugar.
Habías nacido en el ’63, tuviste que crecer en los violentos ’70, cuerpo a tierra entre tiroteos cotidianos. Tu adolescencia, bueno, tu adolescencia, ya lo sé, transcurrió en el peor de los escenarios posibles, bajo la más sangrienta dictadura. Padeciste durante demasiados años el uniforme, la arbitrariedad y el infaltable documento nacional de identidad en el bolsillo.
Quisiste irte también entonces, y lo hiciste, pero volviste impulsada por una cierta pasión libertaria, creíste en la primavera ochentista, te vestiste del rojo y negro de la revolución sandinista y votaste por primera vez, cándida y eufórica, en el ’83. Lo sé, tú y todos ustedes eran pura voluntad, pura convicción, ningún as bajo la manga, muchos riesgos, todavía.
De las asambleas clandestinas para recuperar los centros de estudiantes universitarios y los panfletos trotskistas dentro de carátulas de discos de Django al “Felices Pascuas” de Alfonsín, pasaron muy pocos años, demasiado pocos, y ustedes, algunos de ustedes se convirtieron en escépticos prematuros, mientras otros viraban su existencia hacia algo definitivamente protoesquizoide.
Hubo poco espacio para los matices. Con las botas de la derecha pisando fuerte de nuevo, gran parte de la izquierda experimentó una absurda regresión a las prácticas militaristas de los ’70, sin armas ni verdaderas batallas por dar en ese terreno, pero sí con simulacros de jerarquías y medidas disciplinarias, y, sobre todo, lamentablemente, con un sectarismo y un creciente aislamiento de la realidad que te dejaron en off side, sin ganas de nuevas aventuras colectivas.
Ni modo de vivir entre los cercos de otro dogma.
A algunos de tus compañeros, en cambio, los obcecó la lucha de clases y hoy dan entrevistas en los informativos, como líderes de los piquetes del lumpeln Proletariat.
Sin épica has vivido muchos años ya. Cuesta, te cuesta, cuesta con los chicos en patas, en la calle, te cuesta porque se te atragantó una frase que escuchaste durante los saqueos del 2001, cuando un policía, que recibía pedradas de una bandita harapienta de los suburbios, le decía a otro: “No llegan con las piedras. No ves que están hambreados... ni fuerza tienen”.
Sin esperanza de la gran epopeya liberadora llegaste hasta aquí. Pero alejándote de los privilegios de la propia tierra se te puso el pellejo de otros invisibles que siempre están partiendo desde abajo. Porque ahora eres ellos: los del cayuco de Senegal, los del autobús albanés, los del vuelo que llega de Quito.

lunes, junio 05, 2006

el beso

Caminar ya no era caminar. Erguida, con los pezones como carozos bajo su blusa y la mueca de una cierta gloria, sentía que las miradas se le incrustaban... sabía que eso sucedía desde la noche en que él la atravesó con vida y amor. La llenó de amor y de vida, eso se le notaba a ella. En el cuerpo, en los olores, en las turgencias, en las miradas.
Esa noche, ella lo había descubierto en la oscuridad, lo recortó entre las sombras de árboles del otoño, a contraluz, los pies humedeciéndose en el rocío que la hierba absorbía, la piel ligeramente erizada, fresco de noche, ajenidad. Lo perdió de vista. Ella estaba de paso, sólo unas horas, nada por aquí.
Lo volvió a ver dentro, bajo las luces impiadosas del adentro. Se presentó, atrevida. Él respondió, atrevido: “Claro que te conozco”.
Ella: “Oh, ¿y cómo es que no me lo hiciste saber?”.
Él: "Hay besos que esperan veinte años"-quiso citar una canción, pero cambió la letra, involuntariamente cambió la letra, y se alejó.
Ella lo miró, volvió a acercarse, pura timidez. Él disfrutaba, pero no pensaba contárselo: Sólo quería entretenerse en una noche que seguía a un volcán de resentimientos.

Ella: “¿Y... qué hacemos?”
Nada se dice al unísono.

De nuevo noche, humedad, fuera. Ella y él. Se acercan casi sin querer: “Me voy”.
Él: “¿Te vas?”.
―Sí,
pero casi con el conveniente “adiós” se topa la inevitable boca, mojada.

La sequedad se acaba en un instante, delicioso instante. No hay retorno. De la muerte se vuelve en un segundo, con su lengua rodeándola, toda, estremeciéndola, estremeciéndose.
―¿Venís?
―¿Adónde?
―Al lugar que sea.

La inhiben los deberes, las circunstancias. Él desata todos sus rosarios; suave y salvajemente corta el hilo y se desparraman las cuentas. Ella arde. Él va despacio, pero no deja nada en su lugar. Pide permiso para indagar. Muestra sus yemas indefensas en el abismo del escote. Ella suplica.
Ahora ella está iridiscente en un baño público, lo recuerda entre sus piernas. Siente el deseo recorriéndole las tripas, un latigazo, víscera a víscera. El placer y el dolor. Aspira hondo, un poco de aire fuera, se muerde la boca, el cuerpo en desesperada laxitud, se muerde la boca, los pulmones sin aire. Se apoya sobre el azulejo...
Cómo brilla este rizo en la oscuridad. En la habitación de paso, ella besa su pelo. ¿Había sábanas en la habitación de paso?. La luminiscencia de la Lispector sobre la almohada.

―Sólo la luz de esa noche cambiaría.

Uno de los dos preferiría rebobinar para embellecer la pasión. El otro sólo pide tiempo:

―Yo volvería la cuenta atrás para aprovechar la noche desde el principio... dejarnos de reticencias y tomar lo nuestro a buenos sorbos, abundantes. Lo recibimos con timidez, es cierto, pero era para nosotros, para nadie más, y debíamos aceptarlo, quizá pronto, bien pronto, si considerábamos la brevedad que el mundo nos regalaba.

Se lo dicen poco a poco. Cada día se cuentan un mordisco. También los sentires comparten suave y salvajemente.
se lo dirán poco a poco. cada día, otro mordisco. mañana, una cicatriz. y a la mañana siguiente, de nuevo el amor sin sábanas.

domingo, junio 04, 2006

walser


"Yo me había convertido en un interior y paseaba como por un interior; todo lo exterior se volvió sueño, lo hasta entonces comprendido, incomprensible... Yo ya no era yo. A la dulce luz del amor, reconocí o creí deber reconocer que quizá el hombre interior sea el único que en verdad existe". Estas frases de Robert Walser, Lori, se aparecieron hoy en mi camino, en forma de mucho amor y de apenas libro, aunque vos y yo sabemos que en el exterior es posible existir, e incluso situar aun más alto el listón de algunos sueños.

sábado, junio 03, 2006

corregir



Yermo como este paisaje de La Mancha estaba mi instinto para comprar el mejor libro posible para decir lo que quiero decir, esta tarde, en la interminable feria del libro. Y no porque allí estuviera el mismísimo Pedro (Almodóvar), el manchego, firmando sus guiones a destajo. El instinto era manchego por lo árido. En esa aridez, sin embargo, había una tendencia a corregir y corregir que impedía la decisión: no quería comprar al azar, ni siquiera quería comprar bien, quería comprar una edición única sobre una cuestión única, que nos dijera lo nunca dicho.

Nada había allí para decirte lo que quiero decirte cada día, en modesto formato, sin apenas edición de autor.

Hojeé páginas y páginas de disciplinas diversas y compilaciones varias: la filosofía, la música, las antologías eróticas, la mujer, las mujeres, nuestros autores favoritos, lo que nos hemos recomendado, y nada. Nada.

Mañana continuaré la búsqueda, o me conformaré con intentar lo nunca escrito, sólo para ti.

jueves, junio 01, 2006

onetti


A Cartagena la veía psicodélica. La estación de metro tenía algo atractivo, pero no bastaba para alegrarme el emerger de cada día. Pasaba por allí porque iba a llevar y traer trabajo barato a una oficina con más ambición que sustento en la misma calle Cartagena. Hacía tan poco tiempo que vivía en esta ciudad que al menos me deleitaban los descubrimientos, miraba todo con asombro, cada cartel, cada nombre de calle, cada tienda. México, por ejemplo, evocó irremediablemente la México porteña, una de las calles más porteñas de Entre Ríos a 9 de Julio, una calle de la que conservaba unos afectuosos recuerdos recientes.
Pero estaba aquí y era una mañana de ésas en que caminaba sin prisas, auscultando centímetro a centímetro el territorio urbano de acogida, dispuesta a que la vida cotidiana me guiñara un ojo, cuando en la fachada de un edificio de Avenida de América vi la placa con la leyenda: "En este solar vivió y escribió sus últimas novelas Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909-Madrid, 1994)". Me detuve, volví a leer ese texto escueto que, sin embargo, me disparaba mil pensamientos, una década después de la fecha final. El último libro que había leido antes de emprender el viaje para siempre era "El astillero" de Onetti. Por eso no pude dejar de pensar en él y en el paisaje de esa esquina en el que quizá concibió algunos de sus absurdos rioplatenses, aquellas metáforas de nuestras vidas, de todas nuestras vidas.
Cuando me repuse del impacto de algo que yo consideré una coincidencia del destino (¿de qué destino hablaríamos cuando hablábamos de destino?), fui a cruzar la ruidosa avenida de América, pero el semáforo de humanos seguía en rojo, en rojo, en rojo. Alguien me rozó el brazo, mi brazo desnudo (julio en Madrid garantiza calor abrumador), giré la cabeza con desconfianza y entonces unos ojos tristes, esos ojos tristes, me obligaron a detener en ellos la mirada. Unos párpados de reconocibles irregularidades me sacudieron, era tanta la vida vivida y se había vuelto tan pasiva esa mañana.
Onetti estaba allí, a mi lado, había vuelto a ponerse de pie después de años de muerto y otros tantos sin levantarse de la cama. Yo no lo dudé y espeté: "Yo también vengo de allá, ¿sabe?". "No me trates de usted", me pidió y preguntó: "¿Estás apurada?". Dijo "¿estás apurada?" y no "¿llevas prisa?" o cualquier otra expresión castiza que entre nosotros no hacía falta. Le expliqué que dejaba unos papeles en la otra "cuadra", dije "cuadra", y que podíamos ir a tomar un café.
Caminamos unos cien, doscientros metros, mudos. Yo le hice una seña de "espéreme" antes de entrar a la oficina con más ambición que sustento. Él se quedó de pie, quieto bajo un árbol raquítico junto al bordillo de la calle Cartagena, y asintió.
No recuerdo mi trámite en la oficina sin sustento ni suspenso. No sé si saludé a la gente, si respondí preguntas ni si me hicieron un encargo. Salí tan pronto como pude y le lancé a Onetti, a borbotones: "¿Sabe que desde aquí veo a nuestros países como su astillero?". No lo dejé contestarme, continué: "Tantos empleados escribiendo entradas y salidas de libros que nadie controlará, haciendo que reciben pedidos de barcos que nunca construirán, gastando su tiempo en oficinas polvorientas, archivando carpetas y expedientes en cajones metálicos, como si de verdad existieran sus empresas..."
Tomamos un café en la barra de una de esas pastelerías de pulcras cadenas que pueblan Madrid, yo continué aturdiéndolo con mi teoría sobre el paralelo entre sus personajes y los resignados ciudadanos del sur, él sonrió una y otra vez, sólo sonrió, los ojos cansados, opacos, se disculpó. Me dijo que su mujer ya estaría hirviendo sus verduritas de las 12, que debía regresar, a almorzar y a descansar, que me deseaba buena suerte y menos explicaciones. Que estar lejos de aquel astillero me permitiría existir sin porqués colectivos ni ficheros metálicos de los que guardan respuestas.

miércoles, mayo 31, 2006

entre manos


"Cuando tengo algo entre las manos, empiezo a sentirme real. No feliz, real", dice Noé Jitrik . ¿Algo entre las manos? ¿Algo entre manos? La cita se presta a incalculables interpretaciones. Entre las manos podrías tener una cámara para fotografiar esta colección variopinta, un sábado fresquito de abril, en un boliche de las sierras de Córdoba, mientras preguntas quién es el señor de la portada de El Gráfico. Entre manos podrías tú tener un encargo ajeno que harás con placer, quizá el libro que te pide una amiga que le consigas por ahí; entre manos podrías tener cinco frases por escribir, otra foto por hacer, otra carta, un simple viaje hasta la tienda del museo en busca de un objeto que sólo allí encontrarás, un objeto que por sí mismo significa el amor entre las manos.
Bienvenida Clarice, quien sin querer, y por caprichosa elección de un lector, entabla un diálogo con Jitrik: "...Sabía que --en relación con nuestra diaria y permanente adaptación resignada a la irrealidad-- esa claridad de realidad era un riesgo". la más pura Lispector.

domingo, mayo 28, 2006

bergman, más allá de las palabras



Si todos tenemos ombligo, ¿a todos nos queda la marca de la dictadura? ¿la dictadura se nos seca como una costra que apenas se despega deja la herida descubierta, blanda y húmeda -de nuevo, la humedad-, y así arde como si acabaran de lastimarnos?
Venías del cine, de ver la última película del maestro Ingmar Bergman. "Es Bergman en estado puro -pensaste-, con esa nórdica luz blanquecina, de sol apenas tibio en verano y esos conflictos inmensos en rostros amables".
Lloraste con Bergman, pero lloraste por ti. Bergman te había hecho volver por unos instantes a tus miedos infantiles y en la plena oscuridad del cine, llegaste de nuevo hasta tu habitación de adolescente, tu hermano mayor sentado junto a ti, te había despertado a mitad de la noche: "¿Me dejás tu cuarto por hoy?... Voy a quedarme a dormir acá, si me lo prestás. Me persiguen, ¿sabés? Los milicos me están buscando, se han llevado a todos mis compañeros y éste es un lugar seguro”.
Por supuesto que querías darle tu sitio si eso significaba que tu hermano mayor estaría a salvo del desquicio autoritario, de la crueldad sin nombre que ya te dejaba sin palabras para definir casi todo.
Marzo, abril, mayo del ’76. Quique, que empezaba a mostrarte el mundo, a hablarte de las injusticias del mundo, desapareció el 28 de mayo de 1976, a sus 25 comprometidos años. Tú tenías 13. Han pasado 30 años y lloras desconsoladamente cada vez que pronuncias la palabra “desaparecer”.
Bergman ha hecho poesía con el sinnombre de las cosas, ha puesto a sus personajes a confesar que más allá del dolor y la miseria puede no haber palabras precisas.