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martes, junio 19, 2007

beat

Cómo me gusta Beat Takeshi. Me gusta cuando no puede contener su tic del ojo ni para interpretar a su doble. Me gusta hasta el defecto con el que camina, porque en ese tranco ancho que disimula alguna rigidez está toda su tragedia y todo su inmenso humor. Me gusta cuando filma, porque siempre me sorprende. Me gusta cuando actúa y cuando se sonríe, porque se sigue riendo como aquel chico irreverente de la tele. Me gusta cuando sueña e interpreta mis propios sueños (he descubierto que nos persiguen las mismas paranoias oníricas). Takeshis' o Kitano-está-totalmente-loco es su "Ocho y medio", han dicho por aquí. Es Lynch más japonés y con menos metraje.
Genial y desmesurado, en Takeshis', Beat Takeshi se mofa de su condición de súperestrella incuestionable, caprichosa y beligerante. A la estrella del cine de acción ya le quedan pocas luces pero su marca de fábrica sigue siendo el desprecio. A Takeshi director ni siquiera le preocupa poner otro nombre propio a su prota: el actor insufrible se llama Takeshi Kitano. Y el loser, su reverso, el despreciado, también se llama Takeshi Kitano. Takeshi quiere matar, como Takeshi, quiere matar como Takeshi en las pelis.
Mientras salpicaba la sangre a borbotones desde la pantalla, recordé algo que leí hace un tiempo sobre las nuevas generaciones de la Camorra: al parecer, según cuentan en Italia, desde hace un tiempo, "por culpa" de Tarantino, los chicos de la Camorra matan mal, con la pistola inclinada, y siempre tienen que rematar.
Las víctimas del cine.

jueves, junio 14, 2007

no hay cartas, la tortuga


Una tarde casi de verano, y un deseo por cumplir hoy, ya, de camino a casa. Busco dos libros en una librería de segunda mano: la Música para camaleones de Capote y Fragmentos de un discurso amoroso, una joyita de Roland Barthes, de los ’70. Ninguna novedad, por cierto, pero estoy pobre para últimos gritos de cualquier moda, así que husmeo entre estanterías polvorientas, estornudo, todo está muy apretado. Estoy exactamente en una caverna entre dos himalayas inestables de libros, mirando las pilas de autores franceses, cuando ¡trac!, bruscamente asoma un libro, metro - metro y medio por encima de mi cabeza, me asusto, pero recuerdo que del otro lado hay un chaval zarandeando cordilleras sobre una escalera; me encomiendo a San Roland (inhallable Barthes) o a la pilla Anais (subidita Nin) que sí se me aparece de a varios títulos por estante, pretende tentarme, pero no me dejo, y continúo. Continúo un ratito, pronto me rindo, y sigo cabizbaja a casa. Llego al portal, abro, no hay cartas, entro, de pie frente a mi escueta biblioteca de emigrante, saco un libro de poemas de D.H. Lawrence que hace un par de años compré usado en la Cuesta de Moyano de Madrid. Con entrenamiento de I Ching, abro el Lawrence bilingüe en “Reptiles – Grito de tortuga”. Leo al azar:

¿Por qué fuimos crucificados en el sexo?
¿Por qué no se nos dejó acabados, terminados en nosotros mismos
tal como empezamos,
como ella seguramente empezó, tan perfectamente sola?

Hacia la izquierda, busco el original, en inglés:

Why were we crucified into sex?
Why were we not left rounded off, and finished in our-selves,
As we began,
As he certainly began, so perfectly alone?

En inglés, pura música. Ahora, ¿por qué el “he” se transforma en “ella” traducido?, me pregunto. Claro, cómo es que no lo advertí... el poeta habla de la tortuga: he and she. He or she. El poema termina en algo que también es música cuando lo imagino pronunciado, vibrando al aire.
En castellano:
Aquello que es uno y que está desgarrado en pedazos, dividido, y encuentra su totalidad por todo el universo nuevamente.
Y en la versión original:
That which is whole, torn asunder,
That which is in part, finding its whole again throughout the universe.

martes, junio 12, 2007

mercat


ahora, sí: el mercat de la boquería. aunque mi amigo ya no sude el verano del raval, siempre tendremos barcelona.

jueves, junio 07, 2007

el durazno y la seta




¿Quién es la mujer sin piernas del sueño? ¿Quién es la mujer sin sexo? En la cola de los indigentes, el guiso se reparte en tazas de aluminio abolladas. Pocos dientes, humo de alubias con chorizo, o de caracú con papa y garbanzos. Está el hogar en las habas del menú barato. El cacahuete se dice maní, el maní se dice cacahuete, pero el durazno siempre será un durazno, y el durazno de luis. El hongo, por hache o por be, será una seta (del Mercat de la Boquería). Y frente al melocotón, ella siempre sufrirá la laguna del melocotón. Como ante al damasco... se ahogará en el gran lago del albaricoque. No me las busques, me las vas a encontrar.