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jueves, enero 31, 2008

búho con ojos de botón

Me mira con esos ojos de botón. Me mira. Me atraviesa. Redondelas blancas al fondo, redondelas serias, botones graves. ¿Quién es ella?

Ojos de botón, estáticos, clavados en mi frente. Me esfuerzo por hacer sonreir al botón, saludo a la redondela con cortesía.

Botón fijo, hilo tenso.

Yo, que vengo del sur de la frontera, del oeste del sol, saludo al búho botón. "Como si fuera mi hijo", pregona el botón que es mucho menos blanco a la luz del día. ¿Me amenaza?

¿Por qué me amenaza?
¿Me cela?
¿Por qué me cela?
Botón
botón
botón
Ojos de botón

sábado, enero 26, 2008

escrito en una servilleta

le muestro mis tetas
suspira,
lo deseo
no confío
lo tengo dentro
me lame y me desprecia
cuánta sensualidad hay
en esta caligrafía
me ama
me aborrece
lo quiero cerca
lo olvido pero no puedo
"esta es la vida vista por la vida.
puedo no tener sentido,
pero es la misma falta de sentido que tiene la vena que late". eso dijo clarice

jueves, enero 24, 2008

otro precipicio no vale la pena

Esa boca te menciona en mí. La boca del chico de La Habana que ha aparecido esta noche vaya a saber de dónde, modula algo del son corasón, y habla del Steinway blanco que gracias a Páez, Fito, Páez, afinaron en el teatro Nacional de Cuba. El metro se mete en el segundo túnel de la charla y yo sólo veo una boca que sonríe con dientes implacables y labios que pronto se volverán irresistibles. Hacia el tercer túnel, recuerdo Nao vale a pena, la canción que acabo de escuchar, cantada por la hija de Elis Regina. Entonces, decido bajarme en la próxima. Al cabo del tercer túnel, aviso que, mejor, yo hago transbordo, aquí, shico. Me bajo del tren y repito como un mantra, en mi mal portugués, que es uma pena, mas nao vale a pena, porque no cabes como rima de un poema, de tan pequeño, vienes y vas, y envenenas, porque...

Ficou difícil
Tudo aquilo, nada disso
Sobrou meu velho vício de sonhar
Pular de precipício em precipício
Ossos do ofício
Pagar pra ver o invisível
E depois enxergar

Que é uma pena
Mas você não vale a pena
Não vale uma fisgada dessa dor
Não cabe como rima de um poema
De tão pequeno
Mas vai e vem e envenena
E me condena ao rancor
De repente, cai o nível
E eu me sinto uma imbecil
Repetindo, repetindo, repetindo
Como num disco riscado
O velho texto batido
Dos amantes mal-amados
Dos amores mal-vividos
E o terror de ser deixada
Cutucando, relembrando, reabrindo
A mesma velha ferida
E é pra não ter recaída
Que não me deixo esquecer
Que é uma pena
Mas você não vale a pena

domingo, enero 13, 2008

una entrevista

"¿Qué les gusta a las mujeres de los hombres?", le pregunta Pierre (el personaje de Steve Buscemi) a Katja (Sienna Miller), en Interview.

"Nos gusta que tengan una cicatriz...

porque las mujeres también la tenemos".

La película original era de Theo Van Gogh. La versión de Buscemi es un homenaje al holandés y un alarde de virtuosismo. El guión, el tono, el dibujo de unos personajes (tan reconocibles pero en carne viva) y los intérpretes nos meten en una camisa de once varas, la misma que ya nos pusimos solos alguna otra vez.
Agh, Nueva York, Amsterdam o donde sea, la decadencia, el fulgor, el periodismo, el periodismo decadente, las chicas de moda, el estúpido fulgor, la humillación de los imbéciles, la verborrágica cocaína, nuestras miserias.

martes, enero 08, 2008

ángeles por una libra


¿Quién podía imaginar, sobre el fin del 2007, que la psicodelia de Vendiendo Inglaterra por una libra de Génesis iba a ponerme la primera sonrisa del año? Satisfacción y amor, por encajar cada pieza del puzzle de mis épocas: encontré un gran tema de aquellos puro hammond de mi adolescencia, remixado como para que den ganas de bailar en el dos mil y cuatrocientos.
Escribía con la cabeza en la autopista a Carlos Paz, sobre aquel ir a los boliches atravesando la pesadilla de La Perla, en el '78, y justo justo en esa línea cándida de incredulidad y melanco, un ángel apareció en el mismísimo dos mil y cuatrocientos con un libro llamado "Helena o el mar del verano" de un asturiano (Julián Ayesta) que escribió una sola novela (ésta) y que es sublime, increíble, y que no hace falta remixar, aunque la escribió en la España gris de los '50.
A la mano de aquel ángel se encandenó la mano de otro ángel, que me dio un Suggus de naranja, y citó a Deleuze y su propuesta del polígono... "multiplicar los lados, romper todo tipo de círculos en provecho de los polígonos".
¡Buen año!