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domingo, diciembre 30, 2007

un cuerpo

Todas aquellas maldades "de quien tiene un cuerpo", y "la profundidad de aquella seguridad de quien tiene un cuerpo", como escribe Clarice Lispector, se conjugan en las noches largas y las mañanas difíciles de los últimos días del año.
¿Hay que sumar y restar alegrías y fracasos de esta convención en forma de calendario? Justamente ahora que el cuerpo se hace presente como nunca, con fueguitos en las comisuras, sienes ajustadas y un cierto ácido de uvas blancas y burbujas regándonos las nervaduras...
Ser huérfano es no tener a quien pedirle un abrazo. Y tener un cuerpo, la profundidad de la seguridad de un cuerpo, es tener manos para nuevas caricias.
Me prometieron Rufus y me regalaron el Danubio. Recorreré las márgenes del Danubio en la amada Germania, y escucharé Wainwright. En lo que fue Pompeya brindaré por la maldad de un cuerpo. Junto al Vesubio, pasaré esta página.
Salud,


Imagen: fresco italiano en Pompeya del siglo I.

lunes, diciembre 24, 2007

días sin ton ni son

Son tan amorfos estos días que transcurren entre festividades y compulsiones (hay que comprar, hay que saludar, hay que celebrar).
Además de tener fundamentalmente sabor a ausencias en sus momentos culminantes, estos días navideños para mí siempre supieron a cosa híbrida, ni día ni noche, ni salados ni dulces, ni con hambre ni sin hambre, ni norte ni sur, quién sabe si con sed o sin sed bebemos champagne...
En Argentina, donde el calor de diciembre y la pirotecnia impiden cualquier atisbo de razón, solía disfrutar algunas amorfas siestas, entre celebración y celebración, tirada en el suelo de baldosas frescas, viendo campeonatos de esquí en la tele. Quizá fueran lanzamientos en diferido por las nieves europeas o canadienses. La verdad, no me importaba. Aquellas imágenes lejanas simplemente me relajaban: los esquiadores esforzándose silenciosos, el blanco entre pinos, no pensar en nada, dejarse dormir de a poco...
Hoy, en cambio, abrigada aunque con el mismo regusto a excesos, a comida y a estúpido gasto excesivo, hago zapping por la tele europea, y no hay campeonatos de esquí. Lo más parecido al rélax de la nieve eterna es el canal Metéo, que me propone un "repaso de la jornada" en Grecia, las repúblicas Bálticas y la Península Ibérica.... ¿para qué quiero saber lo que ya ocurrió?, me pregunto y continúo adelante, Arte en francés, CNN, BBC, atentados en Bagdad, en Pakistán, turistas en Mauritania y en Belén, Cisjordania...
En el canal de cocina, enseñan a manipular el mazapán, por alguna cadena pública está por hablar algún rey, las infantas y las princesas herederas se toman vacaciones... sigo buscando el efecto relajante del esquí, ¡dios! ni un partido de tenis en Eurosport... Entro en territorio español: la cadena madrileña está llena de fuegos artificiales, paso por la telenovela en gallego, la regata en valenciano, los juegos en catalán, en Canarias siempre parece carnaval (allí nunca hace frío), un documental en Aragón y, por fin, recalo en TVEuskadi, el canal en euskera para ir dejándose llevar por sonidos imposibles e imágenes de sus caseríos verdes. Una siestita y... salud, hasta el próximo brindis pagano.

domingo, diciembre 16, 2007

monteverdi, compañero madrigal

Vaya uno a saber qué circuitos interiores enlazan una peli que vimos varios años atrás, su música, sus sensaciones, la piedad y el sueño de anoche. Hoy olí el perfume a Agnes Jaoui, su cine, recorrí sin querer sus citas a Claudio Monteverdi, la campiña francesa, su sacra serenidad en "Comme une image".
Anoche estuve con mi amiga del alma, la de la infancia, la que siempre me acompaña en cada kilómetro cero de esta vida; esta vez, me ayudaba a instalarme en un sitio nuevo, pero el mismo; una habitación nueva, en la misma casa; un cuarto luminoso con vistas a un bosque en otoño.
Nací en otoño.
Ella también nació en otoño.
También la Jaoui, un año después, y en el norte.
Hoy, aquí es otoño.
Y esta noche escucho la "Selva moral" de Monteverdi, porque esta tarde anocheció temprano y sentí la necesidad de buscar unos madrigales para escuchar en soledad (aunque 'madrigal' sea una palabra que en mí tiene resonancias de pareja).
Adiós, compañero madrigal.
Hoy me regalé un disco de Monteverdi y puedo reconocerme en él, sin saber de ti.

viernes, diciembre 07, 2007

filho, figlio, Sohn, son, hijo, Zoon, fils

Frío con olor a aceite de oliva. Ya estamos en época de cosecha, y el otoño se ha puesto rudo. Hay sol, pero ni siquiera te entibia la frente. La nuca, menos. Ahora te ves las magulladuras, te las ves, pero no las sentís. Si te comieras una aceituna, dos, siete, doce, no te sabrían a nada.

Tenés certezas de tu amor incondicional, porque has dejado de sentirte el cuerpo y porque has dejado de esperar que te quiera.

Lo tenés dentro, te enferma que enferme, te enferma que no sea el más feliz, aun cuando él elija odiarte.

martes, diciembre 04, 2007

de basto


Si llegan bastos, hay que jugar con bastos.

sábado, noviembre 24, 2007

mi corazón es persa

He retenido para siempre la imagen de la familia del destituido Sha de Persia, sentada en un sofá, el decorado cargado, en foto color, a doble página, en la revista Gente... ¿sería el '77?
Años después, asocié esas postales que había conservado mi cabecita casi infantil con la revolución islámica en Irán y con todo lo que siguió. Esas fotos en papel ilustración que habían recorrido el mundo preludiaban todo el desaguisado posterior... la imposición de las leyes musulmanas, la ira de los imanes con los laicos de al lado, es decir, con Saddam y los iraquíes, la guerra sangrienta, los affaires de ventas cruzadas de armas, y, por fin, Irán convertido en polvo, el polvo y las mujeres de negro que vemos en el cine de Abbas Kiarostami, Mohsen Makhmalbaf y sus talentosas hijas.
Ayer, sin embargo, mi vínculo con Irán se hizo más sólido (por lo sentimental): conocí a Marjane Satrapi -quizá tardíamente, porque sabía que ella era una historietista e ilustradora respetada desde hace años-. Pero como no soy comiquera, Marjane tuvo que llegar al cine para que yo reparara en ella. Y ayer me conmoví con Persépolis, la película que Satrapi hizo sobre la novela de su existencia en viñetas. Me reconocí en su trayectoria vital, desde la infancia marcada por la dictadura a la adolecencia encorsetada por los mandatos religiosos y autoritarios, la huida a Europa en los '80, la seducción del nihilismo, las revelaciones sociales en la era post-punk, los sentimientos de culpa con la historia que quieres dejar pero que te tironea, la deuda con los muertos cercanos, la vuelta al país de las persecuciones y el nuevo punto de fuga en la adultez, la toma de distancia, en la búsqueda de la propia identidad, que seguramente lleva la libertad.
Tan lejos y tan cerca. Las chicas en Irán y en Argentina. Irán y Argentina. Tan felices y tan martirizadas. Tan vitales. Tan eternamente irredentas.

miércoles, noviembre 21, 2007

El río playito

Un río cristalino. Allí nos bañamos. El agua no alcanzaba para nadar, sólo para hacer la plancha panza al aire. Así que flotamos, y nos reímos, porque el agua no nos tapaba ni el pupo. Y si estirábamos el brazo, dejándolo caer hacia el fondo, tocábamos la arena con el codo, arena gruesa, de río de montaña. Si nos poníamos de pie, el agua nos daba abajo de la rodilla, o a mitad de la rodilla, parados justo en el centro del cauce.
Eso suele pasar en los ríos cordobeses: son playitos de costa a costa. Lo de costa es, por cierto, un modo elegante pero improbable de decir orilla, oría, orisha. Porque una costa en toda ley es difícil de encontrar en esos arroyos engordados con agua de la creciente, en verano. Yo había ido a visitarte, poco ilusionada, más bien escéptica y despreocupada. Sólo a estar a tu lado en los ratos en que pudieras prestar atención a alguna conversación, prestarme atención, acariciarme al paso. También a ser paciente durante todos los otros ratos, los de tu ausencia solitaria o acompañada, los de tu ausencia presente, los de tu ausencia ausente, los del teléfono, los de las miradas vacías, los de la apática lucidez. Tu casa no era tu casa, podría jurar que las escaleras eran más amplias y laberínticas, pero luminosas, y había un patio al que daban todas las ventanas. Tu ciudad era un pueblo con río en lugar de avenida, con sol de verano cordobés, una plaza pueblerina y otra casa llena de gente, enfrente de la plaza, y de ahí a tu casa, íbamos y veníamos. Quizá te mudaste. En mis sueños sé dónde vives ahora.

domingo, noviembre 18, 2007

home





Esta semana superé (momentáneamente) mi aversión a la carne. Y este post no puede ir de arcadas apocalípticas. Perdón, no permitiré que los malos rollos se cuelen esta vez. No hay necesidad de estar mostrando todo el tiempo el reverso monstruoso de la apacible vida cotidiana de sonajeros y albóndigas caseras. No soy Cassavettes (ni el padre ni el hijo, neither John nor Nick), tampoco Lynch, ni Cronenberg, mucho menos Samuel Beckett, aunque sienta debilidad por sus pesadillas, aunque siempre condicionen mi seso tibio de mono por un buen tiempo...

-¿Por qué no te dejaste morir?
-Porque no soy suficientemente infeliz.

Beckett escribió el diálogo para dos pordioseros sobre el escenario: uno ciego y el otro, cojo. El paralítico andrajoso se asombra del pulso vital que todavía sostiene al ciego, a pesar de sus desgracias. Él mismo sigue adelante, sin preguntase por qué no dejarse morir.

No. No va de harapos ni de caníbales ni de hambrientos este post.
Al contrario. Quiero decir que ayer compré un ejemplar fucsia de Erica Darleyensis , la cambié de maceta, la regué y le elegí el sitio en el que cada día tendrá sol, a través de la ventana. No puedo dejar de mirarla, he ido a tocarla a ver si es de verdad. Erica me lleva a Chillida, la lámina que tengo enmarcada a su lado, y, Chillida me devuelve al cello del Preludio a la Suite número 1 en G Mayor de Bach (qué placer, tanto como un beso en el cuello, un grave vibra en el cristal); destripo el Babelia de ayer y me encuentro con Vila-Matas y la novela surrealista, él me presenta a Elizabeth Smart, la apasionada; a la derecha, de Miró no hay dudas; hay un Torres García que me devuelve el Río de la Plata, ; de paso por Kandinsky, llego al grabado de mi amiga Clemen con el toro de Aries (fue para mi cumple, sí); salto a la viñeta del capo Crist. Eclecticismo, dicho en elegante, y también mezcolanza de originales con reproducciones (poblar el cuarto con el imaginario más propio, dotar al exterior de nuestro interior, requiere intervenciones subversivas, disonancias, escalas pentatónicas y alguna chinche sobre el yeso descascarado)... Beo (con B de Vian) a Petrus Christus, el flamenco del XV que siempre me llevará a Berlin , y a la vuelta del muro, topo con los peces en relieve de mi primo querido; ahí nomás, con el estilizado Modigliani; debajo, el ángel berlinés (una acuarela que también recibí de regalo de cumple, pienso en Ettore); qué será de la vida de Longhini, el grabador cordobés, aquí en Madrid, su león; sí, ya sé, la lámina de Mondrian la compré en el Ivam de Valencia, y la página de Andrés Rivera la amplié por la frase "Buenos Aires, para que lo sepas, cordobés. Buenos Aires".
Estoy en casa.

1)Chillida 2)Erica 3)Torres García 4)Petrus Christus, el de mi comedor.

viernes, noviembre 09, 2007

asociación libre (no necesariamente correcta)

Hablábamos de ir a El Bulli. Discutíamos sobre la posibilidad de hacer una reserva en el exclusivo restaurant catalán... para dentro de cuatro o cinco años (seguramente, el primer hueco libre) juntaríamos los trescientos y pico de euros que sale el menú, por cabeza, y así probaríamos las exquisiteces en forma de mousses del cielo y verduras etéreas. Igual que los afortunados que salieron sorteados en la Dokumenta de Kassel y pudieron sentarse en el refugio montañés de Ferrán Adriá a debatir si la comida cuenta como arte. ¿Puede ser arte una necesidad fisiológica, básica, de supervivencia... ? Alguien confesó haber sentido el paraíso en su boca al comer una tortilla de patatas deconstruida de Adriá.
Insistí en llamar a El Bulli, pero ella expresó una reserva (moral): "No sé, no sé. No se trata del dinero... pienso en la frivolidad que representa gastarse cuatrocientos o quinientos euros en un plato, por sublime que sea".
Desistimos.
En el informativo, como siempre, los cuerpos negros disecados al sol en barcazas rodeadas de agua salada. Da lo mismo que sea agua de mar o arena del desierto lo que hay entre África y Europa: los cueros se deshidratan y llegan secos a la playa.
En mi locura bulle otra sopa: la cocinera de la pesadilla explica, como al pasar, que el plato no se completa sin el sabor que le da un trozo de piel humana. Y allí vemos al hombre-condimento: un tipo paliducho y tembleque, que no para de balbucear. Todos callamos... ¿quién va a poner en duda la palabra de la chef y el modo en que la gastronomía nos da placer?
Desvelada, me pregunto cuánto tiempo de horror me costó olvidarme de los relatos de mi amigo sobre el manjar oriental de sesos tibios de mono, servidos en su propio cráneo. ¿Cuántas costeletas dejé en el plato, de niña, porque las arcadas de imaginar la sangre y sentir el desgarro de los tejidos vivos en mi propia boca me impidieron seguir comiendo?
Ayer al mediodía, mientras intentaba masticar un pollo baboso con almendras en el Restaurant Chino, no pensé en la carne, ni en el hombre, ni en el pollo y, sin embargo, no conseguí disfrutar de un solo bocado. Entonces me pregunté si el destino ineludible en Occidente sería el de volvernos tan obedientes (y excéntricos) con el placer.
Sólo comí almendras.
Fui al teatro, a ver el Ensemble Modern de Frankfurt y allí escuché a Edgar Allan Poe en la parábola de la "Sombra", leida por Heiner Müller: "Estábamos rodeados por cosas que no logro explicar distinamente; cosas materiales y espirituales, la pesadez de la atmósfera, un sentimiento de sofocación, de ansiedad: y, sobre todo, por ese terrible estado de la existencia que alcanzan los seres nerviosos cuando los sentidos están agudamente vivos y despiertos, mientras las facultades yacen amodorradas. Un peso muerto nos agobiaba".

martes, octubre 30, 2007

el sueño

"Soy el escultor con el que soñaste anoche", le dijo el tipo en el andén. Ella había estado todo el día bajo la influencia de esas caricias ásperas de callos. Había visto claramente el cincel y la piedra, y lo vio a él, pero no lo reconoció, no supo descifrarlo. No era nadie y, sin embargo, le dio tanta ternura. Deseó conocerlo pero no quiso creerle al tipo del andén. En cambio, confió en volver a encontrar al escultor. Esa noche, cerró los ojos y sonrió. Allí la esperaba una cara conocida y otra caricia mutilada. Ningún escultor y la maldita oscuridad que especula con la decepción de los días. Demasiados sueños para tanta incompleta noche en vela.

Abrió los ojos. Por fin, la vigilia.

lunes, octubre 22, 2007

narciso


El miércoles, Juan Marsé menciona el narcisismo de los héroes y, el sábado, me encuentro charlando con Pablo sobre el narcisismo de la víctima. Pablo pone ejemplos y expone, casi me convence de una hipótesis sobre el narciso de los desdichados que él sostiene desde hace años. Llega otra amiga, plena de experiencia, y agrega: "pues, claro, ésa es la teoría de la connivencia de la víctima con el victimario".
Domingo. Frente a la pantalla fija en la final de tenis entre David Nalbandián y Roger Federer, recibo un sms de Pablo: "Leé la nota de vargas llosa en el diario de hoy. aguante, córdoba!". El aliento del porteño se conjuga con la provocación del titular de un diario deportivo español: "David contra Goliat".
Daviz (en su voz madrileña) ya es campeón, abro el diario, y leo: "(...) solíamos discutir mucho, en París, en torno a las ideas de Sartre sobre la responsabilidad que los seres humanos tienen sobre sus destinos (....). Según él, todo destino se elige, por comisión u omisión, y por eso nadie tiene derecho a quejarse, a sentirse sólo víctima. Aun en las peores circunstancias, es posible elegir (...). Para ciertas personas, infrecuentes, es verdad, las elecciones se reducen a lo mínimo y aun se evaporan, ya que sus valores, creencias o pulsiones profundas eliminan de sus vidas multitud de opciones que, a otros, les abren las oportunidades, el reconocimiento o el éxito".
A mí no me gusta Vargas Llosa, pero tengo un amigo en quien confluyen -muy hondo y quizá a su pesar- Vargas Llosa y las pulsiones profundas que eliminan de su vida multidud de opciones.

martes, octubre 16, 2007

el poder y la locura

Yo tengo una bolsa de arpillera que tiene estampadas unas manos con granos de café y la leyenda "Nicaragua Libre". La llevo a todos lados, me mudo y la cargo. La compré en Alemania, en el '81, cuando la revolución sandinista recién dejaba de ser utopía. Bah, en el '79 dejó de ser utopía, pero un par de años después, en Europa, todavía se celebraba la entrada triunfal a Managua, en catramina. También en Argentina seguimos de fiesta sandinista varios años después: yo fui de orgulloso rojo y negro a votar en las elecciones de octubre del '83, las primeras tras la dictadura, al Ipem de Deán Funes, en Córdoba.
Esto no es pura nostalgia. Sí, ya sé que eso parece, pero es que hace un par de días estuve con Sergio Ramírez, el escritor, aquel vicepresidente del primer gobierno sandinista. Estaba aquí, en Madrid, hablando de literatura, y soltó algo que me resultó tan desmitificador de dogmas y revoluciones y, a la vez, tan poético, que me obligó a recordar los tiempos del "No pasarán" en rojo y negro nicaragua. Y a decírselo...
Expuso Ramírez algo que sabemos todos, que la literatura no cambia de temas, no innova, que desde el principio de los tiempos todo se resume en amor, locura y muerte, a lo que él agregaba, dijo, el poder. Aunque, matizó, el poder es una forma de locura.
Sonreí y pregunté: "¿Perdón? ¿Que el poder es un subproducto de la locura? ¿Eso me dice un viejo soldado sandinista?". Ramírez explicó que él entiende el poder desde la poesía, que el poder es un organismo vivo, que nace, crece y se deteriora (anche muere). Que cuando los ideales se convierten en leyes.... hummmmmmm. Y que el mejor día del poder es el primero.
Como en el amor, el mejor día es el primero.


miércoles, octubre 10, 2007

para los atosigados de salud ajena

Salgo del médico y pienso en Roberto Bolaño. Decía el chileno, un tiempo antes de morirse, que había que tener mucho cuidado con "la pornografía de la enfermedad". Él definía esa suerte de estigma que conduce a la huida de las miserias del propio cuerpo como "la avaricia de la salud". Hablaba de los que amarrocan salud, "de aquellos que construyen su cuerpo como si fuera la Capilla Sixtina". Arremetía Bolaño: "me parece vomitivo, porque el destino de todo cuerpo es envejecer y luego desaparecer". Y culminaba, brillante: "Uno debería vanagloriarse de un gusto exquisito, jamás de una salud exquisita".
Sí, eso pienso mientras vuelvo del médico, con los informes de los estudios que sintetizan la ausencia de patología en "criterios morfológicos de benignidad" o en que no hay "evidencias de zonas con alteraciones de la transmisión sónica".
La salud (o la confirmación externa y tecnológica de la salud) da tranquilidad y una tonta alegría. Uno se recompensa con un regalo post-ecográfico y, por un rato, hasta parece que con ese absurdo papel la vida comienza del kilómetro cero otra vez. Pero allí están las miserias del propio cuerpo. Allí estarán, seguramente. Como las miserias del alma. Como todas las miserias (que se atribuyen a otros). Como las experiencias. Como la vida.

jueves, septiembre 27, 2007

azúcar en la calle de las virtudes

¿Cómo se llamaban esas gallinitas de azúcar que tenían una cestita de masa de cucurucho y cuando las mordías ssssssss succionabas ese almíbar líquido que tenían adentro? Te lijabas los dientes con el cuerpo gallináceo azucarado, te pegoteabas los dedos intentando comer la cesta ya húmeda con restos de azúcar colorinche... ¿Se conseguirán en España aquellas gallinitas que había en Argentina? Ella creyó verlas en un escaparate de la calle de las Virtudes, en Madrid, y regresó sobre sus pasos. Aunque ahora no le gustan nada -pero que nada nada- las golosinas, se volvió por aquello que creyó una gallinita de azúcar. Y no, no era. Eso que observó con decepción en el escaparate ni siquiera se le parecía a la vieja gallinita que venía envuelta en plástico transparente, sin logos ni letras sobreimpresos. Calle de las Virtudes abajo, ella retomó el rumbo, rápido ... como para que la desilusión no se notara en su marcha.

miércoles, septiembre 19, 2007

tu luz de claraboya cenital

Voy a la casa del pintor, que tiene una claraboya cenital. La luz de la claraboya cenital me hace sentir parecido al otoño. Grato silencio cenital. Es que está a punto de caer otoño por aquí. Hoy, cuando salí a la calle, sentí la placidez de ese silencio, que no es silencio, no es del todo silencio... el otoño ralentiza, se acaba la estridencia; aun en medio de la ciudad, se puede escuchar la brisa en los árboles. Y a mí, sólo me falta el olor a montoncito de hojas quemadas en el barrio. Si hago memoria, lo tengo en mi nariz. Es el humo de las hojas amarillas barridas en el cordón de la vereda, apiladas junto al bordillo. Humo blanco de hojas que todavía no crujen. La manía limpiadora... con lo lindo que es pisarlas crach crach. Apacible otoño apacible.


El atelier de J. Sorolla, con la luz de su claraboya cenital.

jueves, septiembre 13, 2007

huecos e hibiscos

El oculista me dijo que de tanto llorar se me habían hecho canales en los globos oculares, canales que se terminarían ahuecando. Y me dijo: "hasta ahora, no se ha descubierto relleno para el blanco del ojo". Creí que era irreversible, pero desperté. Antes, deambulé por una casa repleta de gente sin ton ni son. Me duché, me vestí y salí, con mi credencial de cumbres, y un libro de poesía. Entre túneles, leí: "Yo miré al Animal hecho sólo con Hibiscos y no sabía cómo nombrarlo, llamarlo". A Marosa Di Giorgio se le había presentado un Animal hecho sólo con Hibiscos, de noche. Y ella se tendió a su lado: "...empecé a vibrar, a contorsionarme, mis pezones crecieron como lápices, querían llegar al Animal hecho sólo con Hibiscos, me ardía el ombligo, el clítoris. Entonces, me levanté y arranqué algunas de las flores más íntimas del Animal hecho sólo con Hibiscos, me volví a tender, puse las flores adentro de mi vulva, las empujé más adentro...". El túnel culminó en mi estación. Sonreí. Los huecos gelatinosos del blanco del ojo se habían rellenado sólo con Hibiscos.

domingo, septiembre 09, 2007

del amargo pétalo de la alcachofa

Ya me comí todos los pétalos de la alcachofa
¿me creías inofensivo?
pues, no
Te miré con mis gafas del hastío, del hastío visual,
me miraste, y te inquietaste
vamos
Cuando te quiero, te quiero
pero la alcachofa me deja la lengua amarga
a mí, a mí, que no me perdía un capítulo de "Yo quiero a Lucy"
¿A mí me querés?
¿Cómo hago para estrujar tanto jugo de alcaucil?
empapada en jugo de alcaucil
lloro hepatalgina
El día que casi me suicido estaba escuchando thom yorke
había leido una crónica política y puse "eraser"
(de política de provincias)
(y puse "eraser")
los territorios vedados existen (y seguro que allí se plantan alcachofas)
o se bebe ferné
quiero verterte, zumo de alcachofa
todo, todo esto pasa por no tener ya a Lucille Ball

sábado, septiembre 08, 2007

de trapo


Las chicas son de trapo.. de trapo, de cáñamo y de lanas. Una, ecologista; la otra, hippie a su hora. Una nació hace poco, la otra me acompaña desde el '75. Una escuchaba Simon y Garfunkel en vinilo; a la otra le da por Bat for lashes en mp3. A veces, me parece que las dos lloran cuando escuchan Thom Yorke, aunque sus ojos (des)dibujados sobre el paño lenci también despistan, no vayas a creer...
Hay un tema del inquietante Thom que, me parece, las pone sensibles a las dos, al mismo tiempo, en el mismo compás: es ése que habla del no poder, del volver a casa, de pensar lo mismo y sin embargo... ése del "i'm coming home, i'm coming home, to make it all right, so dry your eyes...we think the same things at the same time, we just can’t do anything about it".

lunes, septiembre 03, 2007

línea de puntos

Hay decisiones que se dibujan con bordes gruesos, pintadas con pincel gordo. Hay decisiones, en cambio, que uno describiría como contenidas por una delgada línea de puntos.

No importa si son decisiones vitales o banales, hay quienes nacieron para tomarlas amuralladas. Y hay quienes siempre decidimos con bordes de líneas de puntos, márgenes agujereados por los que se cuelan los racimos de dudas (también la dulzura de las uvas)... Y el papel sobre el que dibujamos ya se ha cortajeado, porque los puntitos se han vuelto huecos y se agigantan, se van juntando entre sí, van haciendo tajo.


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la obra es del videoartista Gary Hill

domingo, agosto 26, 2007

ámsterdam cayó domingo


Mientras mi amiga del otro lado del mundo va a comprar croissants para almorzar como a las 4, yo vengo de leer a Juan Villoro en el parque. Pica la hierba pinchosa, pero me las aguanto. Anochecer en el parque de la ciudad... llega a mi cabeza la voz de aquel Aquelarre setentista. Mujer del crepúsculo. Villoro sobre el césped. Buenos Aires, Madrid, México D.F., Ámsterdam. Y Madrid con este viento que parece Comodoro Rivadavia. Y Ámsterdam, la de Villoro y la mía, que no termina de cuajar, aunque de camino a casa pase por el Café Van Gogh.
Escribe Villoro, en la primera página de la nouvelle sobre el fin del amor y su proceso narrativo (que ahora mismo me voy a terminar en la cama): "A la distancia, le gustaba suponer que él hizo todo para fracasar rápido, como si anticipara futuros daños con un sagaz instinto". Eso hacía ella. Y él, él "evocaba a una mujer que sólo en parte existió con él, la perfeccionaba en su imaginación para hacerse el mayor daño posible".

Buenas noches.

domingo, agosto 19, 2007

el estornudo


No tengo que olvidar la brisa de Madrid en una madrugada de verano. La calma. Recordar el placer de una de esas noches en que camino sola y estiro mi brazo para ir rozando con los dedos las hojas de las acacias escuálidas de las veredas. Volver a casa. Es lo que hago esta noche en este tren de ansiedades y música para camaleones. La inquietud durará hasta mañana. Mi imagen en el cristal de la ventanilla me serena. Soy yo. A pesar de ti. Soy yo. Un estornudo me devuelve a este mundo. Otro. Y ya estoy acá, en la estación donde los vagones cambian de soledades.

sábado, agosto 18, 2007

la poética del desatino

"No hay escultores solos, pintores solos, arquitectos solos. El acontecimiento plástico se realiza en una 'FORMA UNA' al servicio de la poesía". Le CorbusierFrente a una obra cualquiera de Le Corbusier, me pregunto dónde nos detenemos, con qué nos quedamos de ella. Me doy cuenta de que me paro en el color puesto sobre unos contornos que no le corresponden; en otro objeto, un poco más allá, reparo en el ángulo de una escultura que recorta el "a través" de una manera tan particular... un dibujo me deja perpleja sólo en los cinco trazos despojados de un pie. Como en la vida, vale la poética de una única frase, de un solo gesto... puede que una estúpida propuesta para ver "a través" me enamore. Es posible que la poética de alguien que me hace perder el juicio para siempre sólo sea perceptible desde el ángulo que delimitan estos trazos de sensibilidad. Desatino. El universo queda fuera.

jueves, agosto 09, 2007

flor de lis, flor de pis



Si nos diéramos cuenta cuándo un fragmento del presente se está convirtiendo en un vestigio del futuro, como dijo luis, tomaríamos estas fotos en el presente al que sabemos pasado... y las conservaríamos como fotogramas tiesos. La vida se filma siempre con dos cámaras, sólo que a una toma por ángulo. No hay segundas tomas, ni posibilidad. Así, el plano secuencia real se proyecta en función continuada, con sus ritmos domésticos, sus compases de despertador y cepillo de dientes, clorexidina, metrónomos ineludibles. En la otra sala, el plano narrativo sigue montándose con saltos de película velada y fotogramas en negro, intervenciones poéticas , también mañanas luminosas que arden en los ojos. Se ven los cortes que hemos dado con tijeras oxidadas, las hilachas de cinta mal cortada, flor de lis, flor de pis cosida con hilo dental y envuelta en papel aluminio pegoteado de baba espesa de boca seca, de una o dos noches sin dormir. Tijera. Tajo. Herrumbre. Baba. No necesito sutura, puedo saltar de un lado a otro de la lastimadura... abro bien las piernas y llego a la otra orilla de la herida en flor, roja de rosa china. Creo que llego.



martes, agosto 07, 2007

geometría en blanco y negro

una pentax y, fuera de cuadro, unos ñoquis, blancuzcos. cortinas en gris y mayólicas en gris.
balaustradas de un balcón que da a la avenida de las banderas y los plátanos. párpados. un espejo. la bóveda de enfrente. la llave de la luz. una mano, la izquierda. una palmera en la plaza de mayo. un teléfono. sobre el azulejo divino. muro que parte en dos la luz sobre el espejo. brisa mueve la cortina. nosotros. el componente narrativo.

lunes, julio 30, 2007

qué harías


¿qué harías si no tuvieras miedo?, dispara ella, la poeta, ella que a los 15 me desafió al fondo del aula de las monjas, ella que me hacía escuchar al viejo borges en disco de vinilo, en su casa de fragueiro, ella tan lejos, y tan ella. si no tuviera miedo, le contestaría, no le diría nunca jamás a nadie no me dejes sola esta noche. no le diría nunca jamás a nadie si querés quedate. a lo mejor sí, a lo mejor igual, sin miedo, le diría a alguien no quiero estar sola esta noche.

domingo, julio 29, 2007

mes

apenas un caprichoso fragmento argentino en 16 tomas:






1. Hacia Los Gigantes, en las Sierras Grandes. Córdoba.
2. Ajos y pimientos, como siempre, frente al Mercado Norte. Córdoba.
3. Gracias Urdapilleta. En el teatro, atendiendo a Sloane. B.A.
4. Espera, Clarin y candidata, en Belgrano. Aaahí de Cabildo y Juramento. B.A.
5. Un guiri y una cerveza en la plaza Dorrego, San Telmo, Buenos Aires.
6. Ya no hay más vidrios que limpiar. Mediodía de jueves en Córdoba, camiseta del Potro, chico, piedra de la Cañada.
7. Nube cordobesa. Punto de fuga: La Candelaria, en las sierras.
8. Satie con luz gringa... y amor. San Francisco. Córdoba.
9. Buenos Aires desde aquí. La Avenida de Mayo, de Libertad (o como se llame a esta altura) hacia el Congreso.
10. Eso. El asado.
11. El balcón. Mi infancia. Él. San Martín y Humberto Primo. Córdoba.
12. Una manta que a veces nos tapa y otras, nos deja en cueros. Te quiero.
13. Un café en la Giralda. Buenos Aires. ¿El primero? ¿El segundo? ¿El tercero?
14. Un pedacito de mí queda siempre ahí, sobre la mesa con quemaduras inoportunas... Juntando monedas para las empanadas y amigueando en Villa Crespo. Buenos Aires. Thank Ross.
15. Arribeños, Belgrano, Macri, las vías, chop suey, un poco de arroz y el fuckin' cordero rebozado. B.A.
16. La máscara y tu espíritu, amiga conejo. Centro Cultural San Martín. Buenos Aires.

martes, junio 19, 2007

beat

Cómo me gusta Beat Takeshi. Me gusta cuando no puede contener su tic del ojo ni para interpretar a su doble. Me gusta hasta el defecto con el que camina, porque en ese tranco ancho que disimula alguna rigidez está toda su tragedia y todo su inmenso humor. Me gusta cuando filma, porque siempre me sorprende. Me gusta cuando actúa y cuando se sonríe, porque se sigue riendo como aquel chico irreverente de la tele. Me gusta cuando sueña e interpreta mis propios sueños (he descubierto que nos persiguen las mismas paranoias oníricas). Takeshis' o Kitano-está-totalmente-loco es su "Ocho y medio", han dicho por aquí. Es Lynch más japonés y con menos metraje.
Genial y desmesurado, en Takeshis', Beat Takeshi se mofa de su condición de súperestrella incuestionable, caprichosa y beligerante. A la estrella del cine de acción ya le quedan pocas luces pero su marca de fábrica sigue siendo el desprecio. A Takeshi director ni siquiera le preocupa poner otro nombre propio a su prota: el actor insufrible se llama Takeshi Kitano. Y el loser, su reverso, el despreciado, también se llama Takeshi Kitano. Takeshi quiere matar, como Takeshi, quiere matar como Takeshi en las pelis.
Mientras salpicaba la sangre a borbotones desde la pantalla, recordé algo que leí hace un tiempo sobre las nuevas generaciones de la Camorra: al parecer, según cuentan en Italia, desde hace un tiempo, "por culpa" de Tarantino, los chicos de la Camorra matan mal, con la pistola inclinada, y siempre tienen que rematar.
Las víctimas del cine.

jueves, junio 14, 2007

no hay cartas, la tortuga


Una tarde casi de verano, y un deseo por cumplir hoy, ya, de camino a casa. Busco dos libros en una librería de segunda mano: la Música para camaleones de Capote y Fragmentos de un discurso amoroso, una joyita de Roland Barthes, de los ’70. Ninguna novedad, por cierto, pero estoy pobre para últimos gritos de cualquier moda, así que husmeo entre estanterías polvorientas, estornudo, todo está muy apretado. Estoy exactamente en una caverna entre dos himalayas inestables de libros, mirando las pilas de autores franceses, cuando ¡trac!, bruscamente asoma un libro, metro - metro y medio por encima de mi cabeza, me asusto, pero recuerdo que del otro lado hay un chaval zarandeando cordilleras sobre una escalera; me encomiendo a San Roland (inhallable Barthes) o a la pilla Anais (subidita Nin) que sí se me aparece de a varios títulos por estante, pretende tentarme, pero no me dejo, y continúo. Continúo un ratito, pronto me rindo, y sigo cabizbaja a casa. Llego al portal, abro, no hay cartas, entro, de pie frente a mi escueta biblioteca de emigrante, saco un libro de poemas de D.H. Lawrence que hace un par de años compré usado en la Cuesta de Moyano de Madrid. Con entrenamiento de I Ching, abro el Lawrence bilingüe en “Reptiles – Grito de tortuga”. Leo al azar:

¿Por qué fuimos crucificados en el sexo?
¿Por qué no se nos dejó acabados, terminados en nosotros mismos
tal como empezamos,
como ella seguramente empezó, tan perfectamente sola?

Hacia la izquierda, busco el original, en inglés:

Why were we crucified into sex?
Why were we not left rounded off, and finished in our-selves,
As we began,
As he certainly began, so perfectly alone?

En inglés, pura música. Ahora, ¿por qué el “he” se transforma en “ella” traducido?, me pregunto. Claro, cómo es que no lo advertí... el poeta habla de la tortuga: he and she. He or she. El poema termina en algo que también es música cuando lo imagino pronunciado, vibrando al aire.
En castellano:
Aquello que es uno y que está desgarrado en pedazos, dividido, y encuentra su totalidad por todo el universo nuevamente.
Y en la versión original:
That which is whole, torn asunder,
That which is in part, finding its whole again throughout the universe.

martes, junio 12, 2007

mercat


ahora, sí: el mercat de la boquería. aunque mi amigo ya no sude el verano del raval, siempre tendremos barcelona.

jueves, junio 07, 2007

el durazno y la seta




¿Quién es la mujer sin piernas del sueño? ¿Quién es la mujer sin sexo? En la cola de los indigentes, el guiso se reparte en tazas de aluminio abolladas. Pocos dientes, humo de alubias con chorizo, o de caracú con papa y garbanzos. Está el hogar en las habas del menú barato. El cacahuete se dice maní, el maní se dice cacahuete, pero el durazno siempre será un durazno, y el durazno de luis. El hongo, por hache o por be, será una seta (del Mercat de la Boquería). Y frente al melocotón, ella siempre sufrirá la laguna del melocotón. Como ante al damasco... se ahogará en el gran lago del albaricoque. No me las busques, me las vas a encontrar.