domingo, octubre 22, 2006

occidente


Ayer hubo en occidente gente que se levantó contra la pobreza, desde la riqueza. Terminó el Ramadan, porque la luna salió para Alá. Y por fin llueve en Madrid. Escucho Brad Mehldau, también las gotas sobre el cristal. Yo cedo a la tentación de empañar la ventana con mi aliento, de este lado. Te extraño.
En Mondovino, el documental sobre la homogeneización del gusto en el sector del vino, me he encontrado de nuevo con los racistas de mi país. Me han dado más asco que los xenófobos y los guardias imperiales de este occidente rico del norte. Aquellos son igual de racistas, pero tienen menos escrúpulos.
He llorado de ganas de ir a brindar con el torrontés de ese indio que tiene tres parras y no necesita enólogo de firma para dignificar sus uvas.
Y he ido a quejarme a mi vecino porque sus martillazos tapan el piano de Mehldau, pero él, el albañil paraguayo, me ha cantado sonriente nosequé sobre el tereré. He vuelto sobre mis pasos... serán los golpes de aña memby.
buenas noches, occidente

2 comentarios:

Rossana Vanadía dijo...

La tolerancia es una práctica dura y ardua de todos los días hasta en los detalles mínimos. A mí me han jugado al fútbol en plena siesta en la oreja, parturienta y cansada. A otros le martillan el cerebro. A otros les compran los viñedos, se los explotan y los explotan. En todos lados hay, si que hay. Y la xenofobia es mala por donde se la mire. No hay escrúpulo que valga.

Anónimo dijo...

A propósito de las singularidades que nos quitan el sueño: después de hablar con el trabajador paraguayo, un vecino antropólogo aludió a él como el "albañil uruguayo" (a los españoles les da lo mismo un uruguayo que un paraguayo -porque no encuentran diferencia alguna entre ellos y, al fin, los nombres de los dos países suenan parecido).
Y sobre la tolerancia, otra apostilla: En el mismo escenario de los martillazos, alguien escuchó al trabajador paraguayo comentar la noticia del brutal asesinato de una mujer a manos de su pareja: "Es que aquí a las mujeres, les das la mano y te agarran el codo...", dicen que comentó.