¿El personaje es la excusa para mostrar la Argentina? ¿Es la Argentina la razón por la que existe el personaje? ¿Hay una excusa?. Estas cuestiones surgieron en torno a unos escritos míos. Y no supe responder. Tampoco quise responder. No tengo por qué responder. Además, hoy cumpliría años mi papá, el Kitty, que nació en el treinta y seis y murió en el noventa y tres. Estaba volviendo a la Argentina pero no alcanzó a llegar.
Ayer terminé de leer la última nouvelle de Aira e, inmediatamente, me descubrí analizando cuál era la metáfora-país de esa desquiciada relación autor/editor en "La vida nueva". Sin embargo, no encontrré metáforas de días como el de ayer, de tragedias, miserias y renaceres. Renacer, sin querer.
Un día como alguno de estos, de finales de junio, hace seis años, desembarqué en España. Y había quemado las naves. Y había soñado con el Obelisco en llamas mientras yo me probaba un vestido nuevo... oh, a propósito de la desnudez.
De la primera España recuerdo el calor, la sequedad de Madrid, la sangre en la nariz resquebrajada de mi hija, el colchón en el piso, la persiana bajada para filtrar un poco de la excesiva luz de estas latitudes a principios del verano, el desgarro. Y también recuerdo que pasé por la casa en que vivió Onetti y fue entonces cuando empecé a sentirme menos sola en esta ciudad. Yo acababa de leer "El astillero".
"El astillero" fue el último libro que había leido en Argentina, antes de partir. Fue mágico, entonces, dar casualmente una mañana, en una esquina imposible de mi flamante puzzle urbano, con la placa "En esta casa vivió... y escribió..." A partir de esa mañana, fantaseé con varios encuentros transfronterizos con don Juan Carlos (yo seguía viva, Onetti ya estaba muerto) . Imaginé que nos citábamos en una cafetería de la Avenida de América, a metros de su edificio, y yo le contaba mis teorías sobre nuestros países sureros, tan absurdos como su astillero fantasma, con gente que va y viene, que sella papeles y los archiva, papeles sobre la nada, hacia la nada.
Seis años después, sigo pidiendo libros y discos a cada portador de un alma comprensiva que viaja a la Argentina. Anteayer llegó el penúltimo cargamento de esas cosas que siguen siendo mías y que seguirán siendo mías. Llegó Dacal para que nos pongamos todo tu tiempo de acuerdo en eso. Y con una oportunidad sin par (a juzgar por mis desvaríos de los últimos días sobre la desnudez) llegó Aristimuño: "Puedo acercarme a vos, y no ser tan terco, pisando la basura del puerto. Desde el mar, no hay piedad, si vos no te mojás. Se cansó la ansiedad... (Puedo) desnudar la canción para vestirte hoy".
Hoy empecé a leer Coetzee.
en mi cielo, clarice y su libertad. ella escribe. una mujer que nació en la vieja europa, al este del este, y vivió en copacabana. amado brasil amado, el suyo. ajenidad y pertenencia. la suya, la nuestra. excesiva. sedienta, como lori, su personaje. mirada extraña. la condición de la mirada.
miércoles, junio 25, 2008
domingo, junio 22, 2008
desnuda II
sigo desnuda. 
sigo desnuda y encima me piden la ropa. uno que en mi vida vi una vez o dos veces me pidió la ropa.
y no hay un trapo para cubrirse, ni un trapo para cubrirse.
pero no voy a quejarme. nada más patético que la autoconmiseración. eso proclaman los psi.
cuando escucho al adiposo jefe de los soldaditos de plomo gritar sus verdades de perogrullo, difamar y ocultar, sólo pienso en el hogar. en una patria. "mi patria es el castellano", dijo cozarinski. y la mía. y mi hogar, al cabo de la hostilidad. ésta es la otra razón por la que escribo: para volver a casa.

sigo desnuda y encima me piden la ropa. uno que en mi vida vi una vez o dos veces me pidió la ropa.
y no hay un trapo para cubrirse, ni un trapo para cubrirse.
pero no voy a quejarme. nada más patético que la autoconmiseración. eso proclaman los psi.
cuando escucho al adiposo jefe de los soldaditos de plomo gritar sus verdades de perogrullo, difamar y ocultar, sólo pienso en el hogar. en una patria. "mi patria es el castellano", dijo cozarinski. y la mía. y mi hogar, al cabo de la hostilidad. ésta es la otra razón por la que escribo: para volver a casa.
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"El origen del mundo", según Gustave Courbet.
miércoles, junio 18, 2008
desnuda

en plena duermevela me sobresalté: de repente, me vi desnuda. pero no desnuda como me gusta estar para ti. no, no era una desnudez plácida. estaba desnuda porque no tenía nada con que cubrirme para salir a la calle. la vida desnuda, la vida que viene, la desnudez que viene. entonces recordé la pregunta. ¿por qué escribes? escribo para no estar desnuda. porque escribir es la única ropa que le da sentido a la vida. escribo para cruzar la calle y para esperar el bus. para esperarte y para no esperarte. para que no haga falta dinero. para que no importe la desnudez.
...
Gustave Courbet, "Mujer en las olas".
domingo, junio 08, 2008
dadá y cuchillo. la propuesta del entrecot
"No me deje solo entre personas llenas de certezas", suplica Antonio Tabucchi. Y en una parrillada de Madrid, yo sólo quiero que me entiendan: vengo de tierra adentro, como charqui, char-qui. No quiero rozar con la lengua la carne sedosa, fresca, de la vaca muerta. No quiero que me cambien el cuchillo. Si lo hacen, si me traen uno de estos facones criollos para desgarrar los tejidos de este exquisito cadáver argentino tengo que pensar. Pensar en la vaca muerta. Si te devuelvo el cuchillo que no tiene filo y me quedo con el facón, veo mi cara asesina reflejada en la hoja sanguinolenta y el filo destella dicroicas. Dadá argentino. Escurre coágulo. Ya no hay magia.
viernes, mayo 30, 2008
orpheus
Orfeo se la juega en el averno. Baja por Eurídice a Hades, por ella monta en la barca de las ánimas, cruza a tierras tártaras, moriría por su amada, claro que lo haría. Monteverdi compone un lamento que hoy recuperan Les Arts Florissants. Y yo quería escribir sobre el sollozo exquisito de las cuerdas barrocas, y sobre el ansia de bajar al infierno en busca del amor, o sobre la espera inquieta del purgatorio, pero mi vena late y doy vueltas. La rivalidad mundana se interpone entre mi Orfeo y su Eurídice. Una brecha de sangre y merthiolate me obliga a poner las cosas en su sitio. Me arden los puños. Me duele el averno. Confío en que Apolo abrirá estos cielos.domingo, mayo 25, 2008
jengibre ginger ingwer

ayer, cuando le pedí el jengibre, mi verdulero colombiano me dijo que el jengibre (zingiber officinale) era probadamente afrodisíaco... que los hombres no dejaban dormir a sus mujeres si tomaban jengibre en la comida. que lo mejor era un tecito, una infusión con la raíz bien hervida. lo dijo con gestos de macho del sur. y yo redoblé la apuesta: "cuando tenga novio, herviré el jengibre; mientras tanto, se lo pongo al pollo", le dije. y el macho caribeño enmudeció. me iba riéndome y pensando en cómo la provocación deja helados a los hombres más bocazas, cuando recordé que el jengibre se llama ginger, en inglés, e Ingwer, en alemán, (Ingwer, con mayúscula, porque todos los sustantivos se escriben con mayúscula en alemán). pero cuando llegué al Ingwer me asaltó la contraprueba: comí Ingwer aquella noche, los dos comimos ginger en la receta británica y no surtió ningún efecto. estoy por ir al colombiano a pedir que me devuelva los ochenta céntimos de la raíz mentirosa.
ingrid y los no comienzos de los no finales
Por influjo de Vila-Matas fui corriendo a Rossellini. Llegué a Viaggio in Italia (1953) buscando ese no comienzo y quizá el no fin de la historia de un matrimonio en plena crisis. Decía el escritor que Rossellini había arrancado contando la historia desde cualquier punto, en medio de una situación intrascendente en la inmensidad del cosmos (más precisamente cerca de Nápoles). A partir de esta libertad narrativa, Vila-Matas reflexionaba sobre el orden que había impuesto el franquismo como idea para todo, una noción que habían tenido que asimilar sin vueltas los españoles de su generación...No cabe duda que para los dictadores mentecatos las cosas empiezan por el principio y acaban en el final, en rigurosa fila militar. Pero a veces, todos nos sumergimos en la temporalidad de las puras sucesiones, sin el placer del ahora ignorante de dónde viene y adónde va, sin entender la densidad del presente, sus infinitas capas, sus improbables comienzos y no comienzos, igual que sus posibles finales o sus apenas puntos y comas.
Así vi la peli, preguntándome por las elecciones narrativas del director italiano, hasta el final, cuando el personaje de Ingrid Bergman le dice a su marido que lo quiere (y yo creo que por puro miedo los dos se dicen que mejor seguir juntos) y Rossellini elige poner allí mismo la palabra "Fine". Me quedé pensando que el gran Roberto y yo sabemos que ese "te quiero" era apenas un punto y coma de otro final posible, del más seguro de los finales, que quedó fuera de metraje.
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